CUENTO DE LOS PLANETAS

“Vamos a contar la historia del señor Sol y sus (planetas a los que cuida y protege con la ayuda de Doña Gravedad.

Al principio de esta historia hace mucho, mucho tiempo; antes de que existieran las hadas y los duendes, mucho antes de que sucedieran las primeras aventuras y cuentos, pasó lo que ahora os voy a contar.

Nuestro amigo el Sol era por aquel entonces como una nube muy muy muy grande…mucho más grande de lo que os estéis imaginando y estaba formada de gas y polvo que flotaba en el espacio.

Se encontraba solo, flotando en el espacio, sin nada alrededor.

Lo único que conocía el señor Sol desde que tenía memoria, era su amiga doña Gravedad, de aspecto serio y muy muy fuerte. También era muy cuidadosa y siempre estaba pendiente de que ni la más pequeña partícula se escapara de su territorio.

Doña gravedad le ayudaba al señor Sol a mantener el polvo y el gas unidos, sin dejarlos salir del interior de la gran nube.

Aun así se encontraban muy solos. Un día decidieron que tenían que hacer algo para estar acompañados y dar más alegría y colorido al vacío espacio.

Doña gravedad hizo uso de su fuerza y consiguió que el polvo y el gas se juntaran mas y mas y mas.

De esta forma, la grandísima nube se fue haciendo muy poco a poco, mucho más pequeña. Le apretó tanto que la parte central más profunda de la nube… ¡empezó a arder!

Pero no os penséis que era una llamita suave y delicada, que va. Era una super llama, gigantesca, colosal y muy muy caliente.

En ese momento que la bola de gas se incendio, muchísimas piedrecitas salieron despedidas hacia el espacio.

Pero doña gravedad siendo tan fuerte y además tan cuidadosa y obstinada, no quiso que las piedrecitas se alejaran mucho y las dejó flotando en el espacio, más o menos cerca de la gran bola encendida en que se había convertido el Sol.

Todos estos pequeños trocitos giraban alrededor del Sol repartidos, unos más cerca, otros más lejos. Según el sabio criterio de doña Gravedad, que resulto ser también muy organizada.

Mucho, pero que mucho tiempo después de que el Sol empezara a arder, doña Gravedad se entretuvo haciendo que las piedrecitas se unieran unas con otras formando grupos de diferentes tamaños, colores y materiales. De este modo era más fácil controlarlas si se juntaban haciendo bolas grandes, que esparcidas por el espacio.

Así fue como nacieron “los planetas”, que juegan girando alrededor del Sol, recibiendo todos, su luz y calor.

Era maravilloso ver a los 8 planetas juntos, pero eso sí, cada uno en su sitio.

A doña Gravedad ya solo le faltaba poner un nombre a cada planeta.

Empezó por el que se encontraba más cerca de Sol. Doña Gravedad observó que estaba hecho de fuertes rocas y tenía muchas heridas en su cara, además iba muy deprisa girando alrededor del Sol.

¡¡Que gracioso eres!! Por ser tan veloz, te llamare MERCURIO…ah y no dejes de moverte así de rápido o el sol te atrapará y te dará un caluroso abrazo.

Doña Gravedad prestó atención al segundo planeta que giraba alrededor del señor Sol. ¡Que bonito, como brillas! Eres más grande que tu hermano mercurio y tienes una capa muy espesa de nubes que te rodea y…ja, ja, ja, que raro andas, giras al revés que el resto de tus hermanos…te llamare…VENUS…ah y te recuerdo que no dejes de girar alrededor del sol, o te atrapará.

El tercer planeta resultó ser muy bonito y especial. ¡Pero bueno! ¿A ti que te ha pasado? ¡Estas todo mojado! Dijo doña Gravedad. Tienes agua por todas partes, también veo que tienes grandes extensiones de tierra y una fina capa de aire te rodea; estate atento porque todos estos detalles son muy importantes para que pueda vivir en el futuro personas, animales y plantas…te llamaré TIERRA.

Justo cuando iba a pasar al siguiente planeta, doña Gravedad vio algo que se escondía detrás de la Tierra.

-¡eh tu…no te escondas que te he visto…sal de ahí detrás!

– ¡es mi gran amiga la Luna! Respondió la Tierra saliendo en su defensa; siempre viaja conmigo, somos inseparables. Cada 28 días la Luna da una vuelta sobre mí. Y la veo con diferentes formas. Unas veces esta redonda, redonda y brilla mucho y otras veces parece una cunita. Hay días que no la puedo ver porque se esconde muy bien. Pero siempre acaba apareciendo y brillando como una gran farola.

– pues no se hable más y seguir con vuestro viaje. Dijo doña Gravedad.

El siguiente planeta era más pequeño que la Tierra y de un fuerte color rojo.

-claro como tienes mucho hierro, dijo doña Gravedad, pareces una gotita de sangre colgada del cielo. Déjame pensar un poco y encontrare un nombre para ti. ¡Ya está. Ya lo tengo! Te llamaras MARTE.

El siguiente planeta tiene unas bonitas rayas en su cara y muchas lunas que le acompañan. Como eres el más grande, le dijo doña gravedad, te llamaras JÚPITER. Tú que eres el mayor de todos vas a tener una gran responsabilidad: ¡vas a cuidar de tus hermanos! Te encargaras de atrapar esas bolas que se han quedado sueltas por el espacio, esas que no han querido unirse a ningún planeta y que viajan alrededor del señor Sol. Son los asteroides y cometas. Evitando de este modo que puedan acabar chocando contra tus hermanos pequeños. No te preocupes, que yo, doña Gravedad, estoy dispuesta a ayudarte.

-¡¡que cansada estoy!!Dijo doña Gravedad, pero tengo que seguir; ya solo me quedan tres planetas.

-¿Oye que es ese aro que llevas a tu alrededor? Le pregunto a un planeta. –no es un juguete, respondió en planeta.

Es que…hace mucho tiempo, dos de mis lunas estaban jugando tan juntas que al final se chocaron y se hicieron polvo, se partieron en miles de pedazos que se quedaron girando a mí alrededor y no hay manera de separarme de ellas.

Ya tengo un nombre bonito para ti, le dijo doña Gravedad. Te quedará muy bien. Te llamaras…SATURNO, el del anillo.

Los otros dos planetas que quedaban eran también grandes bolas de gas aunque más pequeños que sus hermanos Júpiter y Saturno. Los dos tenían un precioso color azulado provocado por el tipo de gas del que estaban hechos. Un gas que nosotros en la Tierra utilizamos a veces para calentar el agua y cocinar, que se llama Metano. También estaban acompañados por algunas lunas.

Doña Gravedad, de repente, se quedo en silencio, cerro y abrió los ojos varias veces porque no podía creer lo que estaba viendo. Uno de ellos giraba muy inclinado.

-¿Qué te pasa? ¿Por qué giras así? Le preguntó.

– pues que hace mucho tiempo, un cometa muy muy grande que iba de visita al sol a toda velocidad, me dio un pequeño empujón y me quede así para siempre. Le dijo el planeta.

– no te preocupes, le dijo doña Gravedad. Vamos a buscar un nombre para ti…te llamaras…URANO.

Solo faltaba un planeta por nombrar. Eres el último y más alejado de todos los planetas. Veo que estas hecho de gas y tienes también un bonito color azul. Desde donde tú estas el Sol casi no se distingue del resto de las estrellas. A ti te llamaré…NEPTUNO. Además eres el más lento de todos. Te va a costar dar una vuelta al Sol, por lo menos, unos 160 años.

Ha sido un trabajo complicado poner nombres a todos los planetas, pero por fin estáis todos colocados en vuestro sitio y con un bonito nombre para poder recordaros. Les dijo doña Gravedad.

Podéis girar alrededor del Sol sin miedo a perderos y a chocar entre vosotros. Si mantenéis vuestra velocidad mientras giráis, alrededor del Sol, este no podrá atraparos.

Y así es como, desde hace tanto, tanto tiempo, los ocho planetas MERCURIO, VENUS, TIERRA, MARTE, JUPITER, SATURNO, URANO Y NEPTUNO, giran alrededor del Sol, recibiendo su calor y su luz; vigilados muy de cerca y siempre acompañados por doña Gravedad.

Autor :  Javier Martín Ferrero

Subido por Andrea Catena 3º A mañana

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