Cuento- teatrillo ” La canguro y el caracol”

SOMBRA CANGURO                  SOMBRA CARACOL

RESUMEN Y DESARROLLO:

He decidido meter este cuento que nos permite realizar un títere o teatrillo, además con él se pueden trabajar diferentes cosas como son:

–           los distintos animales del cuento y sus cualidades,  características y entornos naturales así como

–          La psicomotricidad fina

–          El efecto de la luz  

–          Las sombras producidas por la luz.

Para desarrollar el cuento con más profundidad dos profesores realizarán un teatro de sombras.

Se podrá realizar a cualquier edad comprendida entre los 3 a los 6 años

OBJETIVOS

–          Desarrollar la motricidad fina y el esquema corporal.

–          Estimular el pensamiento creativo.

–          Favorecer el gusto por los animales y la naturaleza

–          Fomentar el gusto por el teatro

 MATERIALES

–          Linterna o similares (para crear las figuras)

–          Cortinas o telas ( para tapar las ventanas o los focos de luz)

–          Tapiz blanco ( para mejorar la visibilidad de las figuras)

TEMPORALIZACIÓN

 40 minutos

 CUENTO “La tortuga y el caracol”:

 Todos los animales estaban reunidos a lo largo del camino que orillaba el bosque. Porque era el día de la gran carrera entre el canguro y el caracol. El ágil canguro se había burlado del lento y pesada caracol y la había desafiado a una carrera. Nadie tenía dudas acerca de quién iba a ganar, pero todos pensaban que resultaría divertido observar el paso de ambos competidores.

Junto al puente que cruzaba el arroyo, el canguro y el caracol se saludaron cordialmente y partieron, tan pronto como la negra pantera, que era el árbitro dio la señal. El caracol avanzó trabajosamente, tambaleándose sobre su caparazón. El canguro saltaba con excitación a su alrededor, deteniéndose cada pocos metros para husmear y mordisquear los tiernos brotes que crecían junto al camino.

Finalmente, para mostrar su despreocupación y el desprecio que le inspiraba su adversario, el canguro se tendió a descansar sobre un lecho de tréboles. El caracol, entre tanto, seguía avanzando trabajosamente, centímetro tras centímetro.

-¡La carrera ha empezado! -advirtió el cuervo, desde un lado del camino.

Pero el canguro respondió con impaciencia:

-¡Ya lo sé, ya lo sé! Pero el caracol no podrá llegar antes del mediodía al gran olmo que está en el otro extremo del bosque.

En esta confianza, se instaló a sus anchas y se quedó profundamente dormid.

Mientras el caracol avanzaba con lentitud, los mirones se sintieron cada vez más excitados, ya que el canguro dormía aún. Cada uno de sus diminutos pasos acercaba más a al caracol al olmo, que era la meta señalada. Avanzaba lenta y pesadamente, mientras todos los pescuezos se tendían para observar al canguro, que dormía confiadamente su siesta, encogida como una pequeña bola parda.

Allí, a pocos pasos de distancia, se veía la imponente mole del gran olmo al que debía llegar. El caracol estaba exhausto por haber llegado tan lejos a su máxima velocidad, pero cobró fuerzas para una arremetida final.

¡Y en ese preciso instante, el canguro despertó! Al ver que el caracol estaba casi junto al punto de llegada, se levantó de un salto y echó a correr por el camino, a grandes brincos. Apenas parecía una franja parda.

¡Los pájaros empezaron a chillar! Los demás espectadores gritaban, bailoteaban y saltaban frenéticamente de aquí para allá. Nunca habían imaginado que la carrera pudiera llegar a tal estado. Con sonoro clamoreo, incitaron a lento caracol a avanzar, porque sólo le faltaba medio metro, poco más o menos, y el canguro se acercaba a toda velocidad. ¡Cuando faltaban cinco centímetros, el pobre caracol tenía al canguro casi a su lado!

Pero lo mismo hubiera sido si su veloz competidor hubiese estado a un kilómetro de allí. Con una gran embestida, el caracol estiró el largo pescuezo y tocó la corteza del olmo un momento justo antes de que la liebre, jadeante, la alcanzara.

¡Había ganado la carrera!

Los espectadores aplaudieron con entusiasmo. Y palmearon al caracol en su ancha y lisa concha.

-Esa liebre siempre estuvo demasiado segura de sí misma -dijo la pantera al cuervo-. Desde ahora, tendrá que comprender que no siempre es el más veloz quien gana la carrera.

NOMBRE: SONIA PALOMO VILLACIEROS

3ºGRADO DE EDUCACIÓN INFANTIL- GRUPO DE TARDE

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