La abeja Lea

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Edad: va dirigido a niños a partir de los 4-5 años

Título: La abeja Lea

¡Chisst! ¡Chisst! Estoy aquí, debajo de estas letras.
-¿Sabes quién soy?
-Soy Lea. No, no he dicho que leas. Soy Lea, la abeja Lea, la más golosa y dulce de la colmena.
-¿Qué no sabes qué es una colmena?
-Sígueme y verás…

Has leído, me he presentado y ni siquiera te has enterado.

Si quieres distinguirme y no confundirme con las avispas. ¡Fíjate bien! No te equivoques:
– Soy de color oscuro, no amarillo.
– Tengo cuatro alas: cuatro mejor que dos.
– Seis patitas: dos, cuatro y seis.
– Dos ojos grandotes y tres chiquititos para ver en la oscuridad.
– Dos antenas que me orientan.
– Un aguijón para defenderme. ¡Por si las moscas!

¡Tatachán!

Te presento a los tres individuos que forman las colonias de las abejas:

A la izquierda, luciendo una hermosa barriga, tenemos a Pancho, representando a los zánganos. Éstos son los “hombres de la casa”, un poco gordinflones, peludos y sin aguijón. Trabajan mucho, aunque no lo creas.

La hermosa, grande, esbelta y rojiza abeja que ves en el centro es su Majestad la Reina. Se encarga de poner huevos y mantener unida a la familia. Se alimenta de jalea real que le proporcionan las obreras.

Y… A la derecha: una servidora. Represento a las abejas obreras, las “curris” de la colmena. Poseemos unas glándulas o agujerillos en la barriga por los que nos sale la cera, tenemos unas cestillas en nuestras patas para recoger polen y una gran bolsa en el estómago para el néctar.

Así nos encargamos de todo el trabajo: limpiamos y vigilamos la colmena, buscamos agua y alimento, construimos panales, alimentamos a los bebés, etc…

¡Ah! Se me olvidaba. Todas somos importantes. Dependemos unas de otras y no sobrevivimos si no nos mantenemos unidas. ¡Esos es amor!

Nuestra pequeña gran ciudad se llama colmena. Podemos construirla dentro de una roca, bajo un tejado, en el interior de un tronco hueco…

O podemos vivir en colmenas preparadas por vosotros, sí vosotros los humanos. ¡Vaya diferencia!

¡Qué comodidad! Gracias a los apicultores con sus “trajes de astronautas” tenemos mucho trabajo adelantado. Así que les cambiamos sus cuidados y atenciones por nuestros productos (miel, polen, cera…).

Éstas pueden ser sencillas, como en la que vivía mi abuela y que llamaba “caisellu” o “truébanu” o más elaboradas como este chalecito que nos ha montado nuestro amigo Api.

Me encanta vivir aquí con todas mis compañeras, una reina “pone-huevos” y algún que otro adormilado zángano.

Si me sigues y das la vuelta a la hoja entrarás en mi “hogar, dulce hogar”.
-¿Te gusta?

Mira, todas éstas, incluida yo, somos abejas obreras. Entre todas nos repartimos las labores de la casa:
– En la puerta o piquera encontrarás a Marciala, una de las abejas guardianas. Si no sabes la contraseña no te dejará pasar, así que te la chivaré bajito:
“A un panel de rica miel
diez mil moscas acudieron
que por golosas murieron
presas de patas en él”.
– De que todo este limpio y ordenado se ocupan las barrenderas. Hoy les toca a Escobilla y a Gamucina.
– Y si hay grietas o hay que hacer alguna reparación, las obreras albañiles Ladrilla y Currina acuden raudas y veloces y “con el propóleo, nuestro cemento, arreglado en un momento”.
– Entran y salen, salen y entran las pecoreadoras trayendo agua, alimento y todo lo que está feliz familia necesita. Ya ha entrado Nectarina y un poquito más rezagada pero con sus calderillas a rebosar llega a la meta, Flowerpín.
– ¿Y yo? ¿Qué hago yo? Pues, cuento esta historia que mi esfuerzo me lleva.

¿Sabrías ponerle a cada abeja el nombre que le corresponde?

¿Sabías que mi casa tiene miles de habitaciones?

Pues sí, son los panales. Las colmenas están llenas de celdillas como ésta. En muchas de ellas la reina pone los huevos, de los que saldrán pequeños gusanillos (larvas) que se convertirán en abejas grandes y fuertes como yo.

Las abejas nodrizas son las canguro de nuestros bebés y se encargan de que los pequeños estén bien alimentados. Preparan con sus mandíbulas una riquísima papilla llamada jalea real, que dan a todas las larvas durante los tres primeros días de vida. Luego, sólo las que van a ser reinas seguirán comiendo este nutritivo puré. A las demás nos darán suculentos bocadillos de pan de abeja (polen + néctar).

¡Aún queda más trabajo!… Ven, y mientras descansamos un poquito te explicaré por qué volamos de un sitio a otro.

Verás, la respuesta está en las flores. De ellas cogemos el néctar y el polen.

El néctar es un zumillo dulce que encontramos en pequeñas gotitas en el interior de las flores. Lo guardamos en una bolsa del estómago para llevarlo a la colmena y así poder hacer miel, jalea y pan de abeja.

¿Te has manchado los dedos al tocar una flor? Ese polvillo e colores es el polen. Nosotras, las abejas, lo transportamos en forma de bolitas en unas pequeñas cestas que tenemos en las patas.

¿Comprendes ahora por qué nos encantan las flores? Pero, en confianza, si quieres que te diga un secreto, nuestras preferidas son el brezo, el diente de león, el trébol blanco y el castaño. Hazme un favor, búscalas en el dibujo y escribe su nombre, así las más novatas no se despistarán.

Las flores nos agradecen todo este ajetreo, pues gracias a estos locos movimientos, llevamos el polen de unas flores a otras y así pueden dar más flores, frutos y semillas. ¡Favor con favor se paga!

Y no hay que olvidarse de recoger agua. ¡Puff! Por hoy se acabó el trabajo al aire libre. ¡Volvamos y veamos qué se cuece en la colmena!

Las elaboradoras, como si de panaderas se tratara, amasan el polen y el néctar para hacer el pan de abeja. Luego lo almacenan para tener siempre la despensa llena.

Fíjate en el dibujo. Este pan puede ser de diferentes colores dependiendo de las flores y su polen:
– Morado: si el polen es de brezo.
– Amarillo claro: si es de zarza, manzano, peral o avellano.
– Amarillo anaranjado: si es de diente de león.

¿Sabrías decir de qué flor hemos sacado el polen del pan que Polina mete en la celdilla?

En otras celdillas estas laboriosas abejas guardan el néctar hasta llenarlas. Luego las tapan con cera. Esto se llama opericular. ¡Qué palabra tan difícil! El néctar se hará líquido y se convertirá en rica y sana miel.

Al principio de la primavera recogemos agua para mezclar con la miel espesa que queda del invierno. Llevamos un buen cargamento del néctar y polen a la colmena, ya que en esta época empieza el campo a florecer.

En esta estación nos esforzamos por recoger el poco polen y el escaso néctar que queda. Recogemos propóleo para tapar las grietas de la colmena pues la próxima estación será fría.

En verano recogemos abundante agua para mantener la colmena fresquita, néctar y polen a montones, pues ha aumentado la familia y son muchos bebés a los que hay que alimentar. También recogemos propóleo de las yemas de los árboles que comienzan a brotar.

En invierno con la casa calentita y la despensa llena no hay de qué preocuparse.

Los 5 productos de una colmena:
1. La miel es nuestro alimento básico. Lo hacemos con el néctar recogido de las flores que transportamos en unos sacos especiales de nuestro estómago. Luego lo metemos en nuestro almacén, lo tapamos con cera y esperamos que madure.
2. El polen lo transportamos hecho bolitas en los cestillos de nuestras patas. Polen y néctar es la receta de nuestro pan.
3. El propóleo que recogemos de las yemas y los brotes de los árboles nos sirve para tapas las grietas y unir las piezas de la colmena. Es el cemento y pegamento de los albañiles.
4. La jalea real que producimos las obreras alimenta a las larvas y a la reina. Adivina de cuál e estos productos proviene mi nombre.
5. La cera nos sale de unos pequeños agujeros (glándulas) que tenemos en nuestra barriguilla (abdomen), nos sirve para construir las paredes y tapar las celdas que contienen miel para que ésta madure. Cerramos con cera también las cunas de las larvas. Así cercaditas se transforman en abejas adultas.

FIN.

Explicación científica: La principal función de las abejas es la de polinizar, y este cuento intenta explicar la importancia de la labor que las abejas tienen para el sostenimiento de la vida de todo ser vivo. Las abejas, aunque aparentemente no parezcan más que un insecto más, tiene una función esencial en esto. Es importante también concienciar a los niños de que todo ser vivo tiene su función y que ésta repercute en las funciones de los otros. Como dice el cuento “todos somos necesarios”.

Nombre y apellidos: Marta del Campo (Grado Educación Infantil – 3ºB, Móstoles)

Referencias: este texto está copiado textualmente de un cuento facilitado en la siguiente dirección web: http://es.calameo.com/read/000132509463c47defcd3

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