Max, Cori y la relatividad del tiempo

Edad: 5-6 años.

Resumen: Max y Cori son dos amigos que deciden ir a jugar y viven una extraordinaria aventura donde el tiempo será un elemento fundamental.

Palabras Clave: Tiempo, Amistad, Aventura, Familia y Animales

Explicación Científica: Nuestro cuento se basa en La Teoría de la Relatividad de Einstein, donde tratamos de explicar que el tiempo es relativo y no absoluto, como se pensaba en un primer momento.

Autores: Grande Martín, Melodía y Perea Galindo, Manuel.

reloj

Esta es la historia del tiempo, que siempre avanza, aunque no todo es lo que parece…

Lucía ya se iba a dormir, y le pidió a su abuelo que le contase un cuento. No era un cuento cualquiera. Era una historia sobre el tiempo.

El abuelo comenzó entonces a leer apasionadamente la historia. Una historia que hablaba de mundos lejanos, y tenía como protagonista al zorro Max y la serpiente Cori. Ambos vivían en el desierto con la mamá de Cori, Doña Cascabel. Una bonita mañana de verano, con un sol abrasador en el horizonte, los dos animales decidieron ir a jugar. Doña Cascabel, al darse cuenta, les dijo que debían desayunar antes de poder irse a jugar. Entonces, algo apenados, se dirigieron a la cocina, donde había un gran reloj que marcaba las 10. Allí desayunaron con prisa y cuando terminaron salieron por fin a jugar.

El cielo estaba desierto, y en el paisaje solo se podía ver a lo lejos un gran oasis, por lo que Max y Cori decidieron ir a jugar allí. Pasó el tiempo, pero no lograban alcanzar ese bonito lugar. Cansados, se detuvieron unos minutos, pero sin darse cuenta habían llegado al oasis. Al verlo, fueron directos al agua, pero de repente…

¿Qué ha pasado?, se preguntaron Max y Cori. Estaban en un mundo desconocido. Miraron a su alrededor y en él encontraron multitud de plantas. Al poco tiempo, escucharon un sonido inquietante que les provocó un gran miedo y, pasado unos segundos, vieron volar sobre sus cabezas un ser extraño. Le siguieron con la mirada hasta que este se posó en una rama.

El ser extraño dijo: “¿Quiénes sois vosotros y que hacéis aquí?” Los dos animalitos, asustados, dieron un respingo hacia atrás y se abrazaron atemorizados. Transcurridos unos segundos Max dijo: “Hola, somos Max y Cori. Estábamos jugando en nuestro desierto y vimos un oasis. Entonces decidimos darnos un baño pero, al introducirnos en el agua aparecimos en este lugar tan extraño, y ahora no sabemos cómo volver a casa”, dijo llorando.

Max, que era más curioso y ahora estaba más tranquilo, pregunto: “¿Tú que animal eres?”. “Ja ja ja”, se rio el ser extraño. “Soy un Tucán y me llamo Nico”, contestó. Entonces añadió: “Creo que puedo ayudaros a volver a vuestro desierto pero si os parece antes os enseñare este lugar llamado Selva donde yo vivo”. Max y Cori se miraron, tenían que estar en casa a la hora de comer porque si no Doña Cascabel se preocuparía. Ambos decidieron hacer caso al Tucán ya que nunca habían estado en ese lugar tan extraño y querían descubrir lo que allí había.

Los tres animales se introdujeron en la selva. El Tucán Nico, iba delante guiando a Max y Cori, que observaban curiosos todo lo que había a su alrededor. Un gran río recorría aquella Selva, donde había unos cocodrilos muy poco amistosos. ¡Casi se comen a Max! Siguieron caminando y se encontraron con flores, árboles gigantes, y todo tipo de animales que jamás habían visto antes. Pasaron las horas y Max, Cori y Nico no conseguían alcanzar el lugar que los llevaría de vuelta a casa.

Empezaba a oscurecer en la selva. Entonces dijo Nico: “Chicos, debemos descansar. Se está haciendo de noche y la selva es peligrosa. Subiremos a aquella colina y dormiremos allí”. Max y Cori siguieron los consejos de Nico y los tres subieron a la colina para pasar la noche.

A la mañana siguiente, Max y Cori se despertaron, pero Nico no estaba. Ambos animalitos comenzaron a llamarlo “¡Nico! ¿Dónde estás?”, pero no tenían respuesta. De repente, se escuchó un gran estruendo y Nico apareció. Había ido a buscar el desayuno. Una vez acabaron, se pusieron de nuevo en marcha para continuar su viaje hasta el manantial. Max y Cori pensaban que Doña Cascabel estaría muy enfadada y preocupada. Hacía horas que se habían ido y no tenía noticas de ellos.

Cuando llevaban un rato caminando Cori pregunto: “Señor Tucán, ¿falta mucho para llegar al manantial?” Entonces Nico la miró y le respondió: “compruébalo tú misma”. Cori miró a su alrededor y se quedó boquiabierta. ¡Habían llegado al manantial! ¡Era un lugar precioso! Todo estaba lleno de preciosas flores y había una gran cascada.

El Tucán Nico dijo: “Chicos, para volver a casa debéis caminar hacia la cascada. Cuando os metáis en ella, volveréis a casa”. Entonces Max y Cori se pusieron triste porque no querían abandonar a Nico, pero debían regresar a casa lo antes posible.

“Gracias por cuidar de nosotros. Siempre nos acordaremos de ti”, dijeron Max y Cori. Entonces, ambos se dirigieron hacia la cascada y, en un abrir y cerrar de ojos, habían regresado al oasis. “¡Qué bien! ¡Hemos vuelto!”, gritaron emocionados.

Sin perder ni un solo segundo, Max y Cori se dirigieron de nuevo a casa. Seguro que doña Cascabel estaba muy preocupada. Caminaron, caminaron y siguieron caminando hasta que, al fin, vieron a lo lejos su casa. Todo parecía tranquilo.

Finalmente, entraron en casa. “¿¡Mamá!?”, gritó Cori. “Estoy en la cocina”, respondió doña Cascabel, muy tranquila. Al entrar Max y Cori a la cocina, empezaron a llorar y pedir perdón por haber pasado tantas horas fuera de casa, pero el reloj sólo marcaba las 2. Era la hora de comer.

Doña Cascabel, extrañada, les dijo “chicos, solo han pasado 4 horas desde que os fuisteis. Os dije que debíais volver para la hora de comer y así lo habéis hecho. Estoy muy contenta con vosotros”.

Así, doña Cascabel, Max y Cori, se pusieron a comer. Nunca olvidarían aquella aventura que habían vivido.

Entonces el abuelo, cerró el libro y lo acarició. Era un cuento que le encantaba. Lucía lo miró y le preguntó: “abuelo, ¿por qué doña Cascabel dice que solo pasaron 4 horas si, en realidad, estuvieron un día entero fuera de casa?” El abuelo, pensativo, la respondió: “Lucía, para doña Cascabel sólo habían pasado 4 horas desde que Max y Cori se fueron de casa. En cambio, para Max y Cori había pasado un día entero. Esto sucede porque el tiempo no transcurre igual en ambos lugares. El tiempo es relativo, no absoluto.”

Lucía, miró extrañada a su abuelo y este le dijo: “Lucía, es tarde y debes dormir. Cuando seas mayor te explicaré mejor La Teoría de la Relatividad de Einstein. De momento, solo debes entender que el tiempo no transcurre igual para Max y Cori que para doña Cascabel.”

Dicho esto, el abuelo se levantó de la cama, apagó la luz y le deseó a Lucía que nunca se hiciera mayor, porque en los sueños residen nuestros mayores deseos.

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