UN CUMPLEAÑOS…¡FELIZ!

Julio tenía ya cinco años. Hoy era el día que había estado esperando durante tanto tiempo. Era su cumpleaños. Sus padres le iban a llevar al zoo para que viera todos los animales que vivían allí. Él estaba muy ilusionado ya que desde que conoció a Daisy, su perrita, no había nada en el mundo que le gustara más que saber cosas sobre los diferentes animales que podía encontrar.

Pero el día no empezó como había imaginado. Daisy comenzó a quejarse y no paraba de moverse. ¡No se estaba quieta ni un instante!

Julio fue corriendo a decírselo a sus padres. Ellos también corrieron para ver a Daisy porque según intentaron explicarle “había llegado el momento”. Daisy estaba embarazada e iba a ser mamá.

Unas semanas antes, toda la familia la llevó al veterinario y les confirmaron que la perrita iba a tener cuatro cachorros, más o menos en tres semanas. Pero como si Daisy quisiera que sus hijitos nacieran el mismo día que Julio, el parto se adelantó haciendo coincidir las dos fechas del año. ¡Julio no podía estar más contento!

Una vez pasado el miedo inicial, aparecieron los nervios y la impaciencia por ver a los cuatro nuevos miembros de la familia.

Daisy poco a poco fue teniendo a sus cachorros y por suerte todo salió bien. La madre los lamía y los limpiaba intentando que los pequeños entraran en calor y que pudieran respirar sin problemas. Al poco tiempo los pequeñines estaban limpitos y empezaron a moverse. Tenían los ojos cerrados, pero sin saber cómo, fueron uno detrás de otro hacia Daisy y empezaron a mamar.

Julio no comprendía muy bien lo que estaba pasando y creyó que la estaban haciendo daño, pero Ángel y Sara, sus abuelos, le explicaron que Daisy era un mamífero, igual que ellos y que los animales que son mamíferos se alimentan de la leche de sus madres cuando son pequeños. También le contaron que los perritos no tenían dientes y que no se tenía que preocupar pues Daisy no sentía sus mordisquitos.

En ese momento, su madre dijo que Daisy debía estar muy cansada por todo lo que había pasado y que necesitaba estar tranquila ahora que todo había terminado. Por eso, poco a poco salieron todos de la habitación.

Julio quería saber más sobre los mamíferos y deseaba preguntar cosas a sus padres y abuelos.

Así fue como Julio se enteró de que los caballos, los delfines, las ballenas, las vacas, las ovejas, los tigres, los elefantes, los perros, los gatos, los humanos… eran todos mamíferos ya que todas sus crías se alimentaban de la leche de la madre al nacer.

Tan interesado estaba en la conversación que no se dio cuenta de que sin dejar de hablar con su familia, habían salido de casa y llegado a las puertas del zoo.

Ahí estaban los cinco, en la fila para comprar las entradas y poder pasar al lugar donde vivían los seres más asombrosos que Julio jamás imaginó. ¡No podía estar más alegre, iba a ser el mejor día de su vida!

Por megafonía se podía escuchar como anunciaban que a las 11:30 de la mañana se abriría la zona “El fondo marino”.

-Julio rápidamente preguntó: ¿qué hora es?, si nos da tiempo, ¿vamos allí primero?

¡A Julio le encantan los peces! Desde muy pequeño se sienta cada mañana frente a la pecera que tienen en su casa y con gran asombro los observa flotar, moverse y cómo solo sacan la boquita un poco cuando les echa de comer. Preguntándose ¿cómo respiran entonces?

“El fondo marino” era un lugar realmente increíble, Julio por primera vez se sintió como uno de sus pececitos de casa estando dentro del gran acuario. Miles de peces diferentes pasaban cerca de él. Y pudo entender por fin, por qué sus peces solo sacan la boquita para comer, ¡Porque no tienen nariz como nosotros! Ellos respiran a través de branquias que se abren y cierran dentro del agua y él se las pudo ver.

Julio salió, sorprendido de “El fondo marino”, no esperaba que existieran tantos peces diferentes de color, tamaño y forma, y que además no vivieran todos en el mismo agua, sino que descubrió que hay peces que viven en aguas dulces y otros en aguas saladas.

Después de ver los peces, Julio llegó con su familia a un sitio cubierto por plásticos. Dentro hacía mucho calor y había muchísima humedad.

-¿Qué animales puede haber aquí? se preguntó.

Pronto respondió a su pregunta, miró a una de las muchas urnas que había en ese lugar y vio una pequeña rana verde. Siguió mirando las urnas y vio sapos de varios tamaños, ranas de varios colores, salamandras y tritones. ¡Qué curiosos los tritones!, nunca los había visto pero le gustaron mucho.

Julio volvió a observar la primera rana que vio nada más entrar. Pero… ¡Un momento, tiene bebés!

El abuelo le explicó que los bebés de las ranas se llaman renacuajos.

Julio siguió observando a la pequeña ranita durante un rato más.

-Abuelo. ¿Por qué la ranita está fuera y sus bebés están dentro del agua todo el rato?

El abuelo le explicó que todos los animales que había visto en aquel lugar caluroso y húmedo eran anfibios. También le explicó que los renacuajos estaban dentro del agua porque cuando son pequeños respiran por branquias, como los peces, por eso tienen que en ella. Cuando estos renacuajos se hacen grandes les salen patas y respiran por los pulmones, por eso tienen que estar fuera del agua como los mamíferos.

-¿Y sabes una cosa curiosa de los anfibios, Julio? Cuando son adultos también pueden respirar por la piel, por eso este sitio está tan húmedo.

Julio se lo estaba pasando genial en el zoo, y estaba aprendiendo un montón de cosas sobre los animales. ¡Ahora quiero ver las serpientes! dijo Julio.

Al llegar a la zona de los reptiles, Julio pudo ver las serpientes que tanto le llamaban la atención, además allí también había tortugas, camaleones, lagartos, iguanas… ¡De repente, algo le llamó la atención!

-Abuela, ¿qué es eso que está al lado de esta serpiente? La abuela le explicó que algunos reptiles como los lagartos y las serpientes al desarrollarse forman nuevas escamas debajo de las que ya tienen, y estas antiguas las cambian, y que por eso dejan esa especie de funda que se le llama “camisa”.

A Julio le estaban encantando los reptiles, y quería saber más, asique preguntó:

-¿Y qué comen?

Sus padres le explicaron que hay algunos reptiles que se alimentan de hierba como las tortugas, las iguanas y algunos lagartos. Y que otros se alimentan de carne, como las serpientes, los cocodrilos y los camaleones. Así es como Julio descubrió que existían reptiles herbívoros y carnívoros.

Julio y su familia siguieron paseando por el zoo mientras observaban los monos, las jirafas, los leones, los osos y todos los animales que se iban encontrando por el camino. Pero de repente vieron una gran caseta y Julio se moría de ganas por descubrir que animales se encontrarían dentro. Al entrar todo era muy frio y había una gran cristalera con agua y hielo.

-¡Pingüinos! dijo Julio entusiasmado.

-¿Sabes que los pingüinos son aves Julio? le dijo su padre.

A lo que Julio dudoso le contestó, ¿aves? pero si no vuelan, solo nadan.

-No todas las aves vuelan Julio, ven vamos a ver más tipos de aves. Le contestó su padre.

Al salir de la gran caseta había una gran valla con árboles en la que se encontraban diferentes clases de pájaros. En uno de los árboles, que no era muy alto, se veía un gran nido con un pajarito dentro.

-¡Mira papá! ¿por qué ese pajarito está ahí metido y no vuela como los demás pájaros?

-Porque las aves ponen huevos de donde luego salen los pajaritos Julio, y la mamá les tiene que dar calor para que puedan sobrevivir.

-¿Y las aves qué comen?

-Los pajaritos que aquí se encuentran son insectívoros, es decir, que comen insectos. Los pingüinos como los que has visto antes, son piscívoros, ya que se alimentan de peces. Pero también hay aves carnívoras.

-¿Aves carnívoras? ¿comen carne? preguntó Julio asombrado.

-Si, como las águilas y los búhos.

Julio estaba aprendiendo muchas cosas que no sabía de las aves y se lo estaba pasando en grande.

Ya eran las 14:00 de la tarde, a Julio se le había pasado la mañana muy rápido y ya habían visto casi todos los animales que se encontraban en el zoo.

Los padres de Julio decidieron que todos comieran por allí en un chiringuito unos bocadillos. A la hora del postre la abuela de Julio le tenía una gran sorpresa ¡una tarta de animales!

El gran día estaba llegando a su fin, pero Julio no estaba triste porque tenía ganas de llegar a su casa para estar con Daisy y ahora sus cuatro cachorritos.

Mientras iban en el coche la mamá de Julio le preguntó:

-Hijo ¿te lo has pasado bien? ¿qué es lo que más te ha gustado?

-Si mamá, me lo he pasado muy bien , y además he aprendido muchísimas cosas como por ejemplo que los peces respiran por branquias y que hay peces de agua dulce y agua salada, que los renacuajos son los bebés de las ranas y respiran como los peces pero que cuando se hacen mayores respiran por los pulmones y también pueden hacerlo por la piel, que las serpientes y los lagartos pierden sus escamas y les nacen unas nuevas, que las aves ponen huevos y los calientan para que nazcan sus crías, y muchas cosas más.

¡Es el mejor cumpleaños de mi vida!

FICHA:

Edad: 5-6 años.

Resumen: Julio cumple 5 años y su familia ha decidido llevarle al zoo después de que su perrita haya tenido cachorros y le hayan explicado el motivo por el que es un mamífero. Allí aprende y conoce diferentes animales vertebrados como: peces, anfibios, reptiles y aves, y sus características.

Palabras clave: mamíferos, peces, anfibios, reptiles, aves.

Explicación científica: se enseña a clasificar los diferentes animales vertebrados, agrupándolos en clases.

De los mamíferos explicamos que toman leche de su madre al nacer. De los peces, que viven en el agua dulce o salada y que respiran por branquias. De los anfibios que viven en lugares húmedos y que sus hijos se llaman renacuajos y viven en el agua, aunque de adultos habitan fuera de ella. De los reptiles que mudan las escamas, soltando “la camisa “para poder crecer. Y de las aves que ponen huevos en los nidos, que no todas vuelan y que se alimentan de diferentes formas.

Autores: Marina Balbuena Martín; Leticia González Gómez; Sheila Guerrero Sánchez; Miriam Rodríguez Blázquez; Patricia Rodríguez Cristóbal.

 

 

 

 

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