Viajando con Pepo

Luna era una niña con dos coletas negras como el carbón y un bello vestido de color azul. Ella era muy sonriente y soñadora, siempre se estaba inventando historias sobre mundos desconocidos.

Un lunes, estando en clase, la señorita Lola les leía el cuento favorito de Luna “Los ocho planetas y su amigo el Sol”. Luna no paraba de imaginarse viajando en una nave y descubriendo el universo, yendo de un planeta a otro. Estaba convencida de que en otros planetas había muchos amigos con los que jugar.

Más tarde, su abuelita Juana, fue a recogerla al cole y Luna no paraba de contarle todas las cosas que había hecho. Cuando llegaron a casa, comió, se sentó en su lugar favorito y se puso a mirar al cielo. Le encantaba imaginar millones de aventuras, pero ese día, fue diferente. Cuando estaba imaginando una de esas historias, vio una especie de rayo que caía del cielo en el jardín de los abuelos. No podía creer lo que acababa de ver, tenía que salir a averiguar qué era lo había caído en el jardín, – a Luna le podía más la curiosidad que el miedo. Salió lentamente y un poco temerosa, desde la puerta que daba al jardín miró y observó a su alrededor. En el rincón donde estaban las margaritas, había un agujero y salía un poco de humo. Mientras Luna se acercaba despacio para ver qué había, se abrió una puerta y de ella salió un extraterrestre de muchos. ¡Luna no se lo podía creer! ¡No sabía qué hacer! El extraterrestre la miraba fijamente y ella a él, hasta que Luna se decidió a hablar:

  • Hola yo me llamo Luna, tengo 5 años. ¿Cómo te llamas? ¿De dónde vienes?- el extraterrestre la miro e hizo una especie de ruido.

Luna se asustó un poco. El extraterrestre miró su muñeca, tenía una especie de reloj, y le dio un pequeño giro para sintonizar el habla del planeta Tierra.

  • Yo me llamo Pepo y vengo de un planeta muy lejano. Hola Luna.

Luna le notó asustado y tembloroso; pero ella estaba feliz, ya no tenía miedo, ahora conocía a alguien de otro planeta.

Pepo le conto que él estaba siguiendo la nave de sus padres y por mirar un asteroide se equivocó de camino y dio a parar a la Tierra. Estaba muy triste porque quería volver con sus padres. Luna le dijo:

  • Los asteroides son como rocas muy grandes que están en el cielo, ¿no?
  • Si, Luna. Se mueven por el espacio.
  • Y ahora Pepo, ¿cómo volverás a casa?
  • No lo sé… no tengo a mis papás para que me guíen a casa.

Luna se puso a pensar, tenía que ayudar a su amiguito nuevo. De repente, Pepo se acordó de algo:

  • Mis  padres siempre me dijeron que si algún día me perdía y llegaba a un planeta que se llamara Tierra, que esperase a la noche para ver las estrellas, que ellas me guiarían a casa.
  • Pues Pepo, ¿jugamos y me cuentas cómo es el sitio donde vives, mientras esperamos a que llegue la noche?

A Pepo le pareció una gran idea, estuvieron toda la tarde jugando y conociéndose, ¡qué felices que eran los dos! Sobre las 6 de la tarde vinieron los padres de Luna para llevarla a casa. Pepo redujo y guardó su nave en el reloj que tenía en la muñeca y, sin que los padres de Luna se diesen cuenta, se metió en el coche con ella.

En casa de Luna siguieron jugando, hablando, comiendo y disfrutando, cuando se quisieron dar cuenta ¡era ya de noche! Esa noche se veían fenomenal las estrellas, salieron al jardín y Pepo saco la nave. Luna estaba triste porque su amigo se tenía que ir, y ella no podía acompañarle, pero Pepo la preguntó:

  • ¿Te apetecería venir conmigo y ayudarme a llegar a mi casa?

Luna entusiasmada le contestó rápidamente.

  • ¡Sí, me encantaría!, pero tendré que decírselo a mis padres.
  • No te preocupes, mi nave es muy veloz y antes de que amanezca estarás en casa.

Luna como de costumbre se fue pronto a la cama. Pepo la esperaba en la ventana de su habitación, y en un pis – pas, estaban fuera de La Tierra. El primer planeta que visitaron fue Marte, sus habitantes eran de un color amarillo-rojizo con la forma de un quesito. Pepo se dio cuenta de que ese no era su planeta. Pepo preguntó a uno de ellos:

  • ¡Hola!, estoy buscando la primera galaxia a la derecha de Neptuno. ¿Me puede decir el camino que debo seguir?
  • Tienes que seguir todo recto y verás unos cuantos planetas más. Cuando llegues a un planeta con unos anillos a su alrededor, vuelven a preguntar y allí os indicarán.

Luna y Pepo hicieron caso a los habitantes de Marte. Ella estaba alucinada, ¡qué aventura más grande estaba viviendo! Todo era más increíble y grande de lo que había llegado a imaginar.

Viajaron de un planeta a otro en cuestión de segundos, Pepo no la había engañado, ¡su nave era muy veloz! Durante todo el viaje, le iba indicando a Luna cómo se llamaban los planetas.

Después de Marte, pasaron por un planeta muy bonito y grande, Se llamaba Júpiter. Más tarde llegaron a Saturno, el planeta de los anillos.

Luna se impresionó mucho, porque los habitantes de ese planeta ¡vivían debajo de la tierra! Las paredes de las casas eran dulces y llenas de colores, además había mucha luz, sus habitantes parecían avestruces multicolores. Pepo le pidió ayuda a un saturniano, que le indicó el camino que debía seguir para llegar a casa.

  • Luna ya sé el camino a casa, tenemos que llegar a Neptuno, y a lo lejos veremos una estrella muy brillante. Detrás de ella estará mi Galaxia y mi casa.
  • ¡Jo!, ya falta menos para que encontremos tu planeta, eso me pone contenta y triste a la vez.
  • No te preocupes Luna, porque seremos amigos para siempre y te iré a visitar a La Tierra con mis padres.

Volvieron a ponerse en marcha. Pasaron Urano, que era un planeta un poco frio y sus habitantes parecían osos polares, ¡pero eran de color azul! Por fin llegaron a Neptuno, allí bajaron para llenar la nave de combustible. Sus habitantes eran muy alegres y amables. Luna era la niña más feliz del mundo, sentía que era la protagonista de su cuento favorito.

Volvieron a ponerse en camino hacia la galaxia donde se encuentra el planeta de Pepo. Su Galaxia tenía 20 planetas, el suyo era el primero. En el centro se encuentra un sol dos veces más grande que el de nuestro sistema solar.

¡Y por fin llegaron al planeta de Pepo! Era cuatro veces más grande que la Tierra y físicamente se parecía a la tierra; aunque el agua era de color morado y la tierra de color verde y amarillo. Pepo estaba muy feliz porque iba a ver a sus padres.

  • Mira Luna este es mi planeta, se llama Arcobiris, ¡que ganas tengo que te conozcas a mi familia!
  • ¡Qué bonito es tu planeta!
  • Mi casa es esa de allí.

Nada más aterrizar su nave en una especie de jardín, Pepo salió corriendo, a abrazar a sus padres.

  • ¡Oh Pepo!, estábamos muy preocupados, que felicidad.
  • Mira papá y mamá, ésta es mi amiga Luna, ella me ha ayudado mucho.
  • Hola Luna, gracias por ayudar y cuidar a nuestro pequeño Pepo.

Luna estaba encantada en el planeta de Pepo y con su familia, pero ya estaba extrañando a sus padres y amigos.

  • Bueno Luna ya es hora de que te llevemos a casa.

Empezaron hacer el viaje de vuelta, pero ésta vez, acompañados de los padres de Pepo. Luna no se podía creer lo que había vivido aquella noche.

  • Gracias por todo Pepo, siempre seremos amigos.
  • Gracias a ti Luna, te haré muchas visitas y seguiremos visitando el Universo.

Los dos amigos se dieron un gran abrazo. Pepo y sus padres desaparecieron en el cielo oscuro. Esa noche, Luna durmió más tranquila y feliz que nunca.

Nuria Chicote Moral

Paula Gómez Sanclemente

Dalila Higuita Montoya

Lidia Lamsfus Franco

Reyes Mª Rodríguez Carrero

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