MATEO DESCUBRE LAS SETAS

Una mañana de domingo, Mateo salió con sus papás al campo. Era otoño, Mateo tenía muchas ganas de coger setas, ya que sus papás le prometieron que cuando llegase el tiempo de cogerlas irían con él para que pudiese aprender y ver cómo se cogían.

Salieron muy pronto porque habían visto en el tiempo que a media mañana el tiempo iba a empeorar y podían esperarse lluvias. Cuando llegaron, cogió su cesta donde guardaría todas las setas que fuese cogiendo. Mateo estaba muy contento, cuando llegó vio que estaba todo lleno de setas. Rápidamente echo a correr y fue a por todas para echarlas en su cesta. Sus papás corrieron tras él y le dijeron:

  • Mateo, para!, tienes que tener mucho cuidado, no todas las setas se pueden comer, hay algunas que son venenosas por lo que tienes que estar atento a lo que te vayamos diciendo.

A lo que Mateo contestó un poco triste:

  • Pero yo quiero verlas, tocarlas, aunque no las podamos comer…
  • No se puede, como te hemos dicho algunas son venenosas y solo con tocarlas puede ser malo, así que haznos caso y verás que divertido.

Mateo, hizo caso a sus papás y fue viendo como le iban explicando todo acerca de este maravilloso mundo.

  • Mateo, ¿sabías que las setas pertenecen al reino fungi, que es el reino de los hongos? Tienes que aprender para que mañana lo cuentes en clase a tus compañeros.
  • Entonces, ¿las setas son hongos?
  • Claro Mateo, todo este reino tiene la misma forma, si te fijas tiene un tronco que se llama pie y como una cabecita a la que se le llama sombrerillo. Si te fijas cada uno tiene uno diferente, uno tiene puntitos, otro tiene grietas, otro es liso de un color, etc.

Y así contándole cosas sobre los hongos siguieron el camino. Cuando llegaron a una parte que estaba llena de un tipo de setas que se podían comer pararon para que pudiese disfrutar cogiéndolas.

  • Mira, Mateo, esto son níscalos y sí se pueden comer, corre cógelo por el pie, lo cortas y lo guardas en la cesta.
  • Qué divertido! Quiero coger todos los que hay.

Mateo estuvo bastante rato cogiendo las setas hasta que de repente empezaron a oír truenos. Cogieron las cestas y se fueron para el coche. Mateo no quería irse, se lo estaba pasando muy bien y aún quedaban muchas por recoger.

  • Vamos Mateo, tenemos que irnos. Nos va a coger la tormenta y nos mojaremos.

Mateo no entendía que fuese a llover, ya que no había gotas ni estaba el cielo oscuro. Tuvieron que explicarle en lo que consistían las tormentas para que se diese cuenta y quisiese irse.

  • Mira Mateo, cuando hay truenos quiere decir que va a caer una tormenta, lloverá mucho y nos mojaremos. Y puede que caigan rayos y esos a ti no te gustan, así que vamos corriendo para el coche y vamos a casa a preparar las setas que has cogido. ¿quieres?
  • Vale, prefiero que no me pille la tormenta, y tengo muchas ganas de limpiar mis setas y comerlas.

Rápido, fueron corriendo para el coche y justo empezó a llover. Menos mal que el coche estaba cerca y no se mojaron mucho.

Cuando llegaron a casa, la tormenta había parado y ya no llovía. Los tres se pusieron a limpiar las setas y  a cocinarlas. A Mateo le encantaron los níscalos que había preparado y ya estaba deseando volver a ir a por más otro día.

Con una felicidad en la cara dijo:

  • Mañana, cuando llegue al cole les voy a enseñar a todos las setas que nos han sobrado y les diré lo divertido que es ir a por ellas. Gracias por enseñarme papás.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

La excursión de Pablito

Un día Pablito se despertó muy ilusionado, porque iba de excursión a la granja con su cole.

– Vamos Pablito, levántate que hoy te vas a la granja, le dijo su mamá.

Pablito se levantó, desayunó y se preparó la mochila muy contento para la excursión.

Cuando llegó al cole, les esperaba un grandísimo autobús para llevarles a la granja.

Una vez allí, comenzaron el recorrido.

Lo primero que vieron fueron las vacas, les enseñaron cómo se ordeñaba leche, de dónde salía el queso…

Después vieron una familia de cerditos con sus rabitos tan graciosos.

Cuando iban de camino a ver los patos, Pablito vio algo muy curioso. De entre todos los árboles que había visto en la granja, había sólo unos bonitos árboles que tenían todas las hojas, el resto sólo tenían las ramas. María, la seño de Pablito, le preguntó:

– Pablito, ¿qué miras tanto?

– Profe, ¿por qué estos árboles tienen hojas y esos de ahí no?, le preguntó Pablito.

– ¿Quieres que se lo preguntemos a la monitora que nos acompaña?

– Vale.

María le hizo la pregunta de Pablito a la monitora que les estaba enseñando la granja, y ella respondió.

– ¡Qué buena pregunta Pablito! Mirad chicos, hay dos tipos de árboles, unos se llaman árboles de hoja caduca, que son aquellos árboles que pierden todas sus hojas en invierno y salen nuevas en primavera. Los árboles que hemos visto antes, que sólo tenían ramitas, son de hoja caduca. Y este árbol de aquí, es un olivo, el que nos da aceitunas, es de hoja perenne, es decir, no pierde nunca sus hojas.

– Aalaaa, que curioso. Dijo Pablito.

Pablito y sus compañeros siguieron la excursión muy contentos.

A la vuelta a casa, los papás de Pablito le preguntaron que qué tal había ido el día en la granja, y el niño les contó todo lo había aprendido y que lo más le gustó fue lo de las hojas.

LA HISTORIA DE LA ESTALACTITA JULIA

 

Érase una vez una cueva muy lejana que en cuyo interior se encontraban un montón de seres mágicos. Estos habitaban en los techos de las cuevas y soportaban temperaturas bajísimas. Pero ellos jamás pasaban frío.

Eran una gran familia, y en esa gran familia nació Julia, ¡una nueva estalactita en la cueva! Los habitantes de la cueva estaban muy contentos pues tenían una nueva inquilina.

Pero Julia fue creciendo muy poco a poco…y sus vecinos, que eran ya muy grandes, se reían de su pequeño tamaño.

– ¡Nunca crecerás! –le decían todos riéndose.

Julia, muy enfadada, les contestó sin ningún tapujo.

– ¡No os riais de mí!, sé que llegaré a ser tan grande y fuerte como vosotros.

Su amiga Pitusa comprendía que Julia estuviera muy triste, porque ella antes también era pequeña pero, tenía que ser paciente y esperar su gran día.

Los días fueron pasando y Julia fue creciendo gracias a la humedad de la cueva y, a las gotitas de agua que llevan en su interior una fórmula mágica compuesta por calcio. Éstas se iban resbalando por su cuerpo y pegándose a él.

– ¡Mira Pitusa, ya soy la mitad que tú!

-¡Es verdad! Has crecido muchísimo Julia, estás muy bonita.

Al final Julia creció tanto tanto tanto que se hizo la más grande de todas. El resto de las estalactitas se quedaron impresionados al ver su transformación. Todos la miraban con gran admiración y nunca más se volvieron a reír de ella.

 

Y…colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Y…colorín, colorete, por la chimenea sale un cohete.

Leire Fernández Honrubia.

Ana Petra Santisteban Larrosa.

La gota Carlota

“La gota Carlota”

 

En un día soleado María salió a su jardín para regar el césped.

 

María: “¡Qué seco está el césped! Voy a echarle un poquito de agua.”

 

Cogió la manguera y empezó a regarlo.

Entre todas las gotas que salían de la manguera se encontraba la Gota Carlota.

 

Gota Carlota: “¡Hola chicos! Soy la Gota Carlota. Que a gustito estoy tomando el Sol en el césped.”

 

Hacía tanto calor y tanto Sol que Carlota, junto con las demás gotas se quedaron dormidas, y poco a poco fueron subiendo al cielo para formar las nubes.

 

Gota Carlota: “¡Ala! Me he quedado dormida. Pero… ¿Dónde estoy? ¿Chicos sabéis dónde estoy? Hemos formado todas juntas la Nube Bermúdez.”

 

María:”Es que cuando hace mucho calor todas las gotas de agua suben al cielo y forman las nubes.”

 

A la Nube Bermúdez le encantaba moverse por el cielo de un lado para otro.

 

Nube Bermúdez: “¡Yupi! ¡Yupi! ¡Qué divertido! ¿Queréis que juguemos a tapar el Sol?

A ver, a ver… ¿Lo he tapado chicos? ¿Y ahora?”

 

María: “¡Lalalalalala! ¡Uy! He estado tanto tiempo jugando en el jardín que se está haciendo de noche y las nubes han tapado el Sol.

Además está empezando a hacer mucho frío.”

 

María entró corriendo a su casa y de pronto comenzó a hacer tanto tanto frío que de las nubes empezaron a caer copitos de nieve.

María fue corriendo a mirar por la ventana.

 

María: “¡Mamá, mamá! Mira ven está nevando”

 

Caían tantos copos que el césped empezó a quedarse de color blanco.

Entre todos esos copos estaba el Copito Manolito.

 

Copito Manolito: “¡Hola! Soy el Copito Manolito. ¿Sabéis qué? Las gotitas de la nube han tenido tanto tanto frío que se han transformado en copos de nieve como yo”

 

María: “Me acuerdo cuando la Gota Carlota salía de la manguera… Y como hizo tanto calor subió al cielo a formar las nubes… y ahora, con el frío se transformado en un copito de nieve.”

 

Copito Manolito: “¡Sí! ¡Qué divertido!”

 

María: “¿Queréis que cantemos todos juntos la canción de “Gotita de agua”?

 

TODOS JUNTOS CANTAN LA CANCIÓN

 

Canción

 

“Gotita de agua, gotita de agua,

Tenía calor, tenía calor,

Y con sus amigas, y con sus amigas,

Al cielo subió, al cielo subió,

Formaron las nubes, formaron las nubes,

Taparon el Sol, taparon el Sol;

Y cuando hizo frío, y cuando hizo frío,

Al suelo cayó, al suelo cayó.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuento:Las aventuras del Gusano Mariano

 

Había una vez un gusano que se llamaba Mariano; y estaba muy triste porque no tenía nada para comer.

 

  • ¡Hola chicos! Soy el gusano Mariano. Tengo mucha hambre y no tengo nada para comer.

 

Arrastrándose por la arena encontró una semillita de color marrón.

 

  • ¡Anda! ¿Qué es esto?

 

El gusano Mariano se acercó para cogerla pero la semilla se metió en un agujero que había en la tierra.

 

  • Jo, qué pena. Con el hambre que tengo y se ha caído por el agujerito.

 

Pasados unos días, cuando paró de llover, el gusano Mariano al pasar de nuevo por la arena vio que de la semilla había crecido un tallo.

 

  • ¡Ala! En este agujerito se cayó la semilla y ahora está creciendo un pequeño árbol.

 

Cuando otro día fue a ver el árbol, vio que le habían salido unas pequeñas manzanas rojas.

 

  • ¡Pero si son manzanas rojas! ¡Mi fruta preferida! Cuando se hagan más grandes me las podré comer.

 

El gusano Mariano, ansioso por comer las manzanas, descubrió que el árbol había crecido y que las manzanas eran mucho más grandes.

 

  • Mmmm ¡Qué hambre tengo! Voy a subir por el árbol y voy a probar estas manzanas.

 

El gusano Mariano, muy contento subió por el árbol a comerse una manzana.

 

–          ¡Qué ricas están! Ya tendré comida para muchos días.

Garfia y Fantasmito, la ciencia en un barquito

Título Garfia y Fantasmito, la ciencia en un barquito
Edad 4-6 años
Resumen Esta es la historia de un barco a la deriva y su triste capitán. Llevaban largos meses sin pisar tierra firme y el capitán no sabía qué hacer para que su tripulación le hiciera caso. Magia o ciencia, ¿cuál será el camino? Si quieres descubrirlo, coge el libro, tendrás que abrirlo.
Palabras clave Piratas, capitán, peces, fuerza magnética, magia, ciencia
Explicación Científica Los imanes son objetos que atraen a otros objetos fabricados con hierro, acero, cobalto, níquel y aleaciones de éstos, en cambio no atraen a la madera, la arena, al oro, etc. Esto ocurre gracias al magnetismo, que es la propiedad fundamental que tienen los imanes.
Autores García Pérez, Ester; González Nieto, Marta; Lozano Martín, Alba; Olivas Ruíz, María Teresa

 

Garfia y Fantasmito, la ciencia en un barquito.

Érase una vez un barco pirata que navegaba por el mar en busca de tesoros y grandes reliquias. Llevaban tiempo sin pisar tierra firme, porque nadie hacía caso al capitán del barco. El capitán desesperado, intentaba llamar su atención constantemente. Les contaba chistes y nadie se reía, contaba historias de miedo y nadie se asustaba, cantaba canciones para que su tripulación le hiciera los coros y nadie le seguía, … Estaba a punto de desistir hasta que tuvo una brillante idea.

La siguiente noche, a la luz de la luna llena y con el mar en calma, el capitán hizo un espectáculo en riguroso directo. Cogió un barril vacío de la bodega, lo lleno de agua marina y colocó “peces” explicando a su tripulación que se trataba del famoso pez Cuchillo Fantasma. Les dijo que podía conseguir que los peces se movieran hacia donde él quisiera y se hizo llamar capitán Fantasmito. El capitán movía la mano alrededor del barril y los peces iban en esa dirección. Todos quedaron fascinados con los asombrosos poderes del capitán y le preguntaron cómo lo había hecho. Al no conseguir explicación alguna muchos intentaron descubrir el gran truco.

La primera noche, el pirata Ojo de Cristal, con su ojo bueno, intentó utilizar la hipnosis pero no funcionó. Al día siguiente, el pirata Pata Palo, intentó asustar a los peces dando un golpe con su pata de palo en el suelo, pero tampoco dio resultado. El siguiente en intentarlo fue el cocineo del barco, que creyó que echando de comer a los peces unas lombrices, irían hacia la comida, pero tampoco funcionó. Por último, la pirata Garfia movida por su incontrolable curiosidad, decidió investigar para descubrir el secreto del capitán Fantasmito, ya que el día de la actuación de éste sintió una terrible atracción de su garfio hacia su mano, por lo que se preguntó qué podría estar ocurriendo. Esa noche la pirata Garfia entró en el camarote del capitán Fantasmito y buscando entre sus cosas descubrió que poseía un gran imán. El imán se quedó pegado a su garfio, y pensó que podría tener relación con sus trucos mágicos.

La pirata Garfia robó el imán y fue hacia el barril donde se encontraban los supuestos peces del capitán. No os podéis imaginar su cara de sorpresa al comprobar que los peces seguían la dirección en la que ella movía el imán. Fue entonces cuando se dio cuenta de que esos peces no eran reales, sino que se trataba de peces magnéticos. Corrió al camarote del capitán y le despertó, no comprendía por qué extraño motivo engañaba así a la tripulación. El capitán se despertó asustado y le explicó que se sentía muy solo, que nadie le hacía caso y que era la única forma de su tripulación le respetase. Garfia le explicó que no necesitaba engaños para ser un buen capitán, era el único científico de la tripulación y había descubierto algo que nadie sabía, la fuerza magnética.

Actividad complementaria:

Esta actividad es para los más pequeños, les sumergirá en un mundo de fantasía y ciencia. Para ello mantendremos la temática del barco pirata y seremos la pirata Garfia. Abriremos a la mitad un casete antiguo y cogeremos la cinta magnética que encontraremos dentro. Daremos un trozo a cada alumno y tendrán que recortarla en pequeños trozos. Después los echarán en un barreño con agua y les diremos que han de imaginar que los trocitos de cinta magnética son los peces. Cogeremos un imán y repetiremos la misma acción que el capitán uno por uno. Comprobarán que los “peces” se mueven siguiendo el imán.

Les explicaremos que los imanes son objetos que atraen a otros objetos fabricados con hierro, acero, cobalto, níquel y aleaciones (mezcla) de éstos, en cambio no atraen a la madera, la arena, al oro, etc. Esto ocurre gracias al magnetismo, que es la propiedad fundamental que tienen los imanes. Podrán comprobar estas propiedades escondiendo los materiales por la clase y viendo sobre qué objetos ejerce fuerza magnética y en cuáles no.

3º Curso de Educación Infantil (Turno mañana) URJC Móstoles. Didáctica del conocimiento del medio natural

Un jardín de colores

Érase una vez una jovencita llamada Julia. Era muy risueña y alegre, claro que también era un poco rarita, porque decía que sus mejores amigas eran las plantas y que incluso podía  hablar con ellas. También un poco despistada y perdía sus cosas constantemente, por suerte siempre terminaba por encontrarlas. Se pasaba día y noche en su jardín, regadera para arriba, regadera para abajo,  podando ramas, quitando  hierbajos…. al final del día estaba agotada, pero era lo que más le gustaba del mundo, por eso decidió ser jardinera.

Julia tenía un hermoso jardín lleno de flores, había de todo tipo: gardenias, amapolas, rosas, etc, pero de entre todas ellas sus favoritas eran las margaritas, le encantaban esas florecillas tan alegres y primaverales.

En el jardín también había un pequeño cobertizo donde Julia guardaba todas sus herramientas del jardín. Allí tenía de todo: su regadera, las tijeras de podar, el abono, unos guantes….etc. El cobertizo también era muy bonito, pero después del largo invierno toda la pintura de las paredes del cobertizo había desaparecido y ahora, en primavera, estaba de un color muy triste, por eso Julia decidió que un jardín tan bonito no podía haber un cobertizo tan triste, asique, sin más decidió ponerse a pintarlo de color azul. Colocó todas las herramientas fuera del cobertizo para que no se mancharan y se puso manos a la obra. Con una brocha Julia comenzó a pintar de azul cada pared del cobertizo, al principio parecía un trabajo fácil, pero poco a poco se iba dando cuenta de lo agotador que era. Tenía que estirarse mucho para poder llegar a las partes más altas de las paredes y agacharse para pintar las que estaban más bajitas. Se agachaba, se levantaba, se agachaba, se levantaba…..y con tanto sube y baja, una de las veces en lugar de meter la brocha en la pintura la metió en la regadera llena de agua. Ups pero como Julia era tan despistada no se dio cuenta y siguió metiéndola varias veces antes de terminar de pintar.

Al final cuando consiguió terminar de pintar el cobertizo el sol ya casi se había escondido.

“¡Pero mira que tarde es!” – Exclamó Julia- “Será mejor que riegue a mis amigas las margaritas y me vaya a casa”.

Y así Julia cogió su regadera, regó las margaritas y se marchó a su casa a descansar, había sido un día muy duro y estaba agotada.

A la mañana siguiente Julia iba caminando muy alegremente

“Para pre pri la primavera la primavera, pra, pre pri la primavera ya está aquí. Para pre pri salen las flores cantan los grillos, para pre pri hay mariposas en el jardín”-canturreaba.

De repente cuando llegó a su jardín se encontró una sorpresa

“Pero…margaritas ¿Qué os ha pasado?”-preguntó Julia.

“¿Ein? Buenos días Julia, yo no me noto diferente, ¿por qué lo dices?”- preguntó una de ellas.

“Eso, eso ¿qué nos pasa?, yo tampoco me siento diferente”- insistió otra de ellas.

Julia sacó un espejo de su mochila y las margaritas se miraron en él para ver que, para su sorpresa eran azules y no blancas como solían ser.

“Pero ¿qué nos ha pasado?”-preguntó una de las margaritas.

“¿Dónde cogiste el agua con la que nos regaste ayer Julia?” – preguntaba otra.

“Pues del grifo, como siempre”- contestó Julia un poco angustiada.

Julia y las margaritas se quedaron un rato pensando qué es lo que podría haber pasado para que las margaritas se hubieran vuelto azules. Al fin la mirada de Julia se entró en el cobertizo. Tras examinarlo un buen rato se dio cuenta de que el color azul del cobertizo era el mismo que el que tenían las margaritas.

“¡Oh no!” – Exclamó- “Creo que ya se lo que ha podido pasar amiguitas mías. Ayer estuve pintando el cobertizo, y sin querer debí de meter la brocha en la regadera llena de agua en lugar de en el bote de pintura”.

“¡Oh vaya!. Mira que eres despistada Julia” – exclamó una de las margaritas un poco enfadada.

“Lo siento”- dijo Julia arrepentida y apenada.

“No pasa nada Julia” – dijo contenta otra de las margaritas- “A mí no me importa, de hecho ¡me encanta ser de color azul!, estaba un poco aburrida de verme de blanco todo el día”.

“Pero a mí no me gusta ser azul”- se quejaba otra de las margaritas- “yo siempre he querido ser de color rojo, como nuestras amigas las rosas de aquí al lado”.

“Claro y yo amarilla como los girasoles de allí al fondo” – se quejaba otra de las margaritas.

Julia se quedó unos instantes pensativa, todo este follón del cobertizo y el color azul le estaba dando una idea genial. Sin decir una palabra se fue a la tienda y compró pintura de muchos colores: rojo, amarillo, verde, rosa, naranja…..etc y después regresó al jardín.

Primero cogió su regadera y la lleno de agua, para después echarle unas gotitas de pintura amarilla. La mezcló con un pincel y se acercó a las margaritas.

“Amiguitas siento mi despiste de ayer, pero lo arreglaré”- dijo Julia muy segura de sí- “A ver decidme, a cuales de vosotras os gustaría ser de color amarillo”

“A mí, a mí” – respondió muy entusiasmada una de ellas.

Julia la regó con mucho cuidado de no salpicar a sus amigas que estaban alrededor.

Después cogió su regadera la vació y volvió a hacer lo mismo con el resto de los colores. Cuando terminó se dispuso a irse a su casa, no sin antes despedirse de sus amigas.

“Hasta mañana amiguitas, mañana será un día lleno de color”- se despidió Julia.

Y así fue, porque al día siguiente, cuando Julia llegó a su jardín, todas las margaritas estaban de diferentes colores. Había margaritas rojas, amarillas, verdes, azules, rosas….etc. Julia sacó de nuevo el espejo de su mochila como había hecho el día anterior, y una por una  fue enseñando a cada margarita sus nuevos colores. Qué contentas estaban todas con sus nuevos colores. Ahora su jardín tenía tantos colores como el arcoíris.

Y colorín coloreado este jardín hemos pintado.

FICHA

TÍTULO DEL CUENTO: La jardinera despistada.

EDAD: 5-6 años.

RESUMEN: Julia, una joven jardinera, a la que le encanta su trabajo, decide reparar y pintar su cobertizo, sin saber que esto traerá como consecuencia la creación del jardín con más colores del mundo.

PALABRAS CLAVE: Margaritas, regadera, cobertizo, primavera, colores, jardín.

EXPLICACIÓN CIENTÍFICA: La teoría que se pretende explicar en este relato es la teoría de la capilaridad. La capilaridad es una propiedad de los líquidos que hace que, debido a su fuerza intermolecular, suban o bajen por un tubo capilar. Un ejemplo fácil de entender por los niños es el de las plantas, que succionan el agua del terreno mediante capilaridad.

AUTORES: Lara Carrera Monroy, Arantxa Machuca Ferrer, Amanda Mediero de la Morena, Dolores Sáez Martínez, Irene Sánchez López.

Leo y la máquina del tiempo

Una soleada mañana de Mayo, en el colegio Los Planetas, iban llegando los niños del último curso de infantil. A medida que iban entrando en el aula dejaban sus cosas y se iban sentando en el tapiz para comenzar la asamblea.

Ese día, la profesora Marta les propuso un tema que daría mucho que hablar, el invento de la máquina del tiempo. Esta les preguntó qué sabían acerca de ella y si alguna vez la habían visto. Ningún niño sabía mucho sobre de ella, excepto uno, Leo. Mientras todos se preguntaban qué era ese aparato tan raro, Leo les respondió, ya que casualmente su padre era científico y  le había oído hablar sobre esto.

La profesora comenzó a hablar sobre el uso que tenía esta máquina, e incluso se le ocurrió bromear con que ella había viajado a la edad de Piedra, y que allí vio cómo vivían los neandertales, así como los utensilios que usaban para comer o para cazar. Esto no quedó así, ya que Leo se interesó bastante por la anécdota que había contado su profesora Marta. Al llegar a casa, Leo fue a contárselo corriendo a su padre y este, muy sorprendido, le contó que las máquinas del tiempo no existían. El pequeño Leo se quedó muy entristecido, porque se creía que su padre también había visto una de estas máquinas.

Esa noche, mientras Leo dormía, escuchó unos ruidos un tanto extraños, los cuales le dirigieron hacia el sótano de su casa. Al llegar a la puerta, con cierto temor decidió abrirla, aprovechando un descuido de su padre, ya que no le dejaban bajar allí por su seguridad. Cuando se adentró en el oscuro sótano, intentó averiguar de dónde procedía ese ruido tan raro que había escuchado. Tras unos minutos sin parar de buscar… ¡ALLÍ ESTABA!, la máquina del tiempo con la que él había soñado.

Cuando exploró por un buen rato, Leo comenzó a presionar todos los botones que veía en la máquina, de pronto empezaron a sonar los ruidos que le habían despertado. Al cabo de unos segundos, una puerta se abrió y Leo decidió introducirse en la máquina, pero no sin antes coger su valiosa cámara de fotos. Sin pensárselo dos veces, el niño cerró los ojos muy fuertes y concentrándose pensó en lo que habían hablado en clase, es decir, La edad de Piedra. Cuando menos se lo esperó, Leo se había teletransportado a esa época.

Mirando a su alrededor, observó que nada era como su ciudad, ya que allí solo había cuevas, árboles, y algún que otro animal que él no conocía. Leo vio una cueva muy grande, y sin ningún miedo entró en ella, vio que las paredes estaban llenas de dibujos, pero no reconocía nada que estuviera escrito, solo había representadas personas con lanzas y grandes animales. Además, se percató de que en algunos dibujos había algo parecido al fuego. Cuando salió de la cueva, se encontró de frente con un niño que parecía de su edad y el cual hablaba de una manera muy rara, haciendo ruidos muy fuertes.

El pequeño Leo se asustó, pero recordó todo lo que le había contado su profesora. Por ese motivo decidió seguirle e investigar un poco más acerca de aquella época. Leo fue fotografiando todo lo que iba viendo a su alrededor, el fuego, las cuevas, las pinturas en las paredes, al niño neandertal, los utensilios de piedra que utilizaban para cazar… Estos últimos se componían de lanzas con puntas de piedra, arcos… gracias a los cuales aquellas personas podían cazar, pescar y recolectar frutos.  Lo que había contado su profesora en clase era cierto y miraba todo aquello con asombro. No olvidó que ese período se dividía en tres etapas, que aunque le costó recordar consiguió ordenar en su cabeza: El Paleolítico, el Mesolítico y el Neolítico.

Muy contento y pensando que había hecho un gran descubrimiento, se dirigió de nuevo a la máquina del tiempo para volver a su casa.  Cuando llegó a casa ya era la hora de ir al colegio. Leo cogió sus cosas y caminó hasta allí. Una vez llegó, Leo enseñó a sus compañeros y a su profesora lo que había sucedido esa noche. Todos quedaron muy sorprendidos, algunos le creían y otros no, pero Leo tenía la gran satisfacción de haber realizado una gran aventura.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado, y colorín colorete, por la máquina del tiempo sale un cohete.