Miguel y su nuevo amigo

EDAD: 4 AÑOS

RESUMEN: Miguel era un niño muy inquieto que se pasaba la vida tocando y observando como hacer cosas nuevas, hasta que un día algo en su vida cambió, conoció a alguien que le podía enseñar muchas cosas nuevas ….

CUENTO:

Hace muchos años, vivía un niño llamado Miguel, al que le gustaba mucho estar explorando y manipulando, no tenía miedo a nada, le encantaba estar haciendo mezclas. Sus padres estaban un poco preocupados porque no solía jugar con los niños de su edad, él prefería estar solo, y leer muchos libros, le encantaba.

Un día llegó a su pueblo un hombre muy mayor, nadie le hablaba, ya que era muy extraño y eso a Miguel, le llamó la atención, pues el aspecto de este hombre era un poco peculiar,            (llevaba capa larga, bastón, una barba muy larga y una nariz puntiaguda), Miguel se acercó a él a preguntarle.

  • ¿Cómo te llamas?, ¿de dónde vienes?, ¿por qué vistes así?

El hombre no respondió a ninguna de sus preguntas, sólo le dijo con voz ronca: “déjame en paz”.

El hombre se marchó a las afueras del pueblo junto al río y allí se hizo una casa con las ramas de los árboles.

Miguel seguía empeñado en conocer a ese hombre misterioso y noche tras noche iba a visitarlo, al principio se quedaba lejos de él y poco a poco se iba acercando cada vez más.

Una noche observó que el hombre misterioso tenía una bolsa llena de libros, y esos libros tenían  diferentes tapas y eran de diferentes tamaños.  Cada vez que observaba al hombre misterioso, veía como sacaba de una bolsita cosas diferentes y que juntando esas cositas podía realizar muchas otras, juntándolas podía hacer chispas, hacer crecer las cosas, hacerlas desaparecer, hacerlas brillar…

  • ¡Ala!, gritó Miguel, ¿cómo puede hacer eso?

El hombre misterioso, recogió todo muy deprisa y se giró hacia él, le miró fijamente y le dijo:

  • ¿Qué haces aquí?, ¡no quiero compañía!, ¡déjame tranquilo!

Miguel le miró fijamente y le dijo: por favor no me apartes de tu lado, quiero aprender de ti, ¡quiero saber todo lo que sabes!, a mí también me gusta leer, y también me gusta mucho experimentar y manipular cosas, yo puedo ayudarte, puedo conseguirte cualquier cosa con solo bajar al pueblo , lo que necesites.

El hombre misterioso le dijo: me lo pensaré. Ven mañana y hablamos.

Esa noche Miguel llegó a casa muy contento y en su casa dijo:

¡Por fin he conocido a alguien con mis inquietudes!, ¡al fin podré dar soluciones a mis problemas!

Antes de acostarse, Miguel preparó una bolsa con sus libros y todas las cosas con las que él experimentaba, y también cogió un poco de comida.

A la mañana siguiente Miguel se levantó con una sonrisa de oreja a oreja, todo el mundo le miraba por la calle, pues eso de él era algo inusual ya que no solía manifestar sus sentimientos, ¡no parecía él!; sus padres estaban muy contento al verle a sí de feliz.

Miguel solo quería que llegase la noche para mostrar sus tesoros y que su amigo le aceptase, tal y como es él.

Llegó la noche y cuando Miguel observó que sus padres se habían ido a dormir, salió de su casa y se fue a buscar a su amigo.

Cuando Miguel llegó donde estaba el hombre misterioso, el hombre se encontraba muy serio, le miró y le dijo: ¡Bien!, te enseñaré lo que yo sé, pero me tienes que prometer que nunca relevarás a nadie nuestras conversaciones, ni nuestros experimentos.

  • ¡Acepto!, dijo Miguel sin pensárselo
  • Pues bien, empecemos, dijo el hombre

Primero te dejaré leer algunos de mis libros y luego te iré enseñando todos los objetos que tengo para realizar mis experimentos.

  • ¡Bravo!, dijo Miguel

Miguel se iba apuntando todo lo que le hombre le iba diciendo y realizaba dibujos para no perderse ni un detalle. A sí estuvieron varios meses y Miguel cada noche salía mas sorprendido de lo que aprendía, ya que esa felicidad que tenía se le veía en la cara y en su forma de actuar.

Una noche le dijo el hombre que solo hablarían pues necesitaba que Miguel liberase su mente y la relaja para que mañana pudieran realizar un experimento juntos, Miguel se puso muy contento, incluso se le iluminaron los ojos.

Cuando Miguel volvió a su casa, no podía dormir, solo quería que llegase la noche siguiente para poder realizar el experimento.

Esta noche te voy a enseñar a plantar plantas en las cáscaras de huevo.

Como puedes comprobar he traído:

-Huevos

– Semillas

-Tierra o algodón

Querido Miguel, hay dos maneras de realizar este tipo de experimentos, una es, usando tierra y otra, es un trozo de algodón humedecido.

Comencemos desde el principio. Lo primero será preparar las cáscaras del huevo, cuando rompemos los huevos debemos hacerlo en la punta y las limpiaremos, luego elegiremos el método, aunque te voy a explicar los dos.

  • Método 1: Si lo que queremos hacer, es que crezcan las semillas, hacemos un agujerito en la base del huevo con un punzón para que drene el agua, rellenamos la cáscara con tierra (¾ del huevo) y colocamos las semillas, abrimos con otro poquito de tierra, regamos y colocamos en un lugar cálido y soleado. Cada vez que la tierra se seca, echamos un poquito de agua. En una semana aproximadamente empezaremos a ver crecer nuestras plantitas.
  • Método 2: si en cambio, queremos hacer germinar algún tipo de legumbre, utilizaremos el algodón y pondremos un trocito de algodón dentro del huevo, lo humedeceremos y colocamos arriba las legumbres (2 o 3). Mantenemos el algodón húmedo y lo colocamos en un lugar cálido y sólido. En una semana, veremos crecer nuestra planta.

-¿Te ha gustado?, le preguntó el hombre misterioso a Miguel

-¡Sí!, contestó Miguel.

-Muy bien Miguel, aprendes muy rápido, más adelante, te  seguiré explicando más experimentos

Un jardín de colores

Érase una vez una jovencita llamada Julia. Era muy risueña y alegre, claro que también era un poco rarita, porque decía que sus mejores amigas eran las plantas y que incluso podía  hablar con ellas. También un poco despistada y perdía sus cosas constantemente, por suerte siempre terminaba por encontrarlas. Se pasaba día y noche en su jardín, regadera para arriba, regadera para abajo,  podando ramas, quitando  hierbajos…. al final del día estaba agotada, pero era lo que más le gustaba del mundo, por eso decidió ser jardinera.

Julia tenía un hermoso jardín lleno de flores, había de todo tipo: gardenias, amapolas, rosas, etc, pero de entre todas ellas sus favoritas eran las margaritas, le encantaban esas florecillas tan alegres y primaverales.

En el jardín también había un pequeño cobertizo donde Julia guardaba todas sus herramientas del jardín. Allí tenía de todo: su regadera, las tijeras de podar, el abono, unos guantes….etc. El cobertizo también era muy bonito, pero después del largo invierno toda la pintura de las paredes del cobertizo había desaparecido y ahora, en primavera, estaba de un color muy triste, por eso Julia decidió que un jardín tan bonito no podía haber un cobertizo tan triste, asique, sin más decidió ponerse a pintarlo de color azul. Colocó todas las herramientas fuera del cobertizo para que no se mancharan y se puso manos a la obra. Con una brocha Julia comenzó a pintar de azul cada pared del cobertizo, al principio parecía un trabajo fácil, pero poco a poco se iba dando cuenta de lo agotador que era. Tenía que estirarse mucho para poder llegar a las partes más altas de las paredes y agacharse para pintar las que estaban más bajitas. Se agachaba, se levantaba, se agachaba, se levantaba…..y con tanto sube y baja, una de las veces en lugar de meter la brocha en la pintura la metió en la regadera llena de agua. Ups pero como Julia era tan despistada no se dio cuenta y siguió metiéndola varias veces antes de terminar de pintar.

Al final cuando consiguió terminar de pintar el cobertizo el sol ya casi se había escondido.

“¡Pero mira que tarde es!” – Exclamó Julia- “Será mejor que riegue a mis amigas las margaritas y me vaya a casa”.

Y así Julia cogió su regadera, regó las margaritas y se marchó a su casa a descansar, había sido un día muy duro y estaba agotada.

A la mañana siguiente Julia iba caminando muy alegremente

“Para pre pri la primavera la primavera, pra, pre pri la primavera ya está aquí. Para pre pri salen las flores cantan los grillos, para pre pri hay mariposas en el jardín”-canturreaba.

De repente cuando llegó a su jardín se encontró una sorpresa

“Pero…margaritas ¿Qué os ha pasado?”-preguntó Julia.

“¿Ein? Buenos días Julia, yo no me noto diferente, ¿por qué lo dices?”- preguntó una de ellas.

“Eso, eso ¿qué nos pasa?, yo tampoco me siento diferente”- insistió otra de ellas.

Julia sacó un espejo de su mochila y las margaritas se miraron en él para ver que, para su sorpresa eran azules y no blancas como solían ser.

“Pero ¿qué nos ha pasado?”-preguntó una de las margaritas.

“¿Dónde cogiste el agua con la que nos regaste ayer Julia?” – preguntaba otra.

“Pues del grifo, como siempre”- contestó Julia un poco angustiada.

Julia y las margaritas se quedaron un rato pensando qué es lo que podría haber pasado para que las margaritas se hubieran vuelto azules. Al fin la mirada de Julia se entró en el cobertizo. Tras examinarlo un buen rato se dio cuenta de que el color azul del cobertizo era el mismo que el que tenían las margaritas.

“¡Oh no!” – Exclamó- “Creo que ya se lo que ha podido pasar amiguitas mías. Ayer estuve pintando el cobertizo, y sin querer debí de meter la brocha en la regadera llena de agua en lugar de en el bote de pintura”.

“¡Oh vaya!. Mira que eres despistada Julia” – exclamó una de las margaritas un poco enfadada.

“Lo siento”- dijo Julia arrepentida y apenada.

“No pasa nada Julia” – dijo contenta otra de las margaritas- “A mí no me importa, de hecho ¡me encanta ser de color azul!, estaba un poco aburrida de verme de blanco todo el día”.

“Pero a mí no me gusta ser azul”- se quejaba otra de las margaritas- “yo siempre he querido ser de color rojo, como nuestras amigas las rosas de aquí al lado”.

“Claro y yo amarilla como los girasoles de allí al fondo” – se quejaba otra de las margaritas.

Julia se quedó unos instantes pensativa, todo este follón del cobertizo y el color azul le estaba dando una idea genial. Sin decir una palabra se fue a la tienda y compró pintura de muchos colores: rojo, amarillo, verde, rosa, naranja…..etc y después regresó al jardín.

Primero cogió su regadera y la lleno de agua, para después echarle unas gotitas de pintura amarilla. La mezcló con un pincel y se acercó a las margaritas.

“Amiguitas siento mi despiste de ayer, pero lo arreglaré”- dijo Julia muy segura de sí- “A ver decidme, a cuales de vosotras os gustaría ser de color amarillo”

“A mí, a mí” – respondió muy entusiasmada una de ellas.

Julia la regó con mucho cuidado de no salpicar a sus amigas que estaban alrededor.

Después cogió su regadera la vació y volvió a hacer lo mismo con el resto de los colores. Cuando terminó se dispuso a irse a su casa, no sin antes despedirse de sus amigas.

“Hasta mañana amiguitas, mañana será un día lleno de color”- se despidió Julia.

Y así fue, porque al día siguiente, cuando Julia llegó a su jardín, todas las margaritas estaban de diferentes colores. Había margaritas rojas, amarillas, verdes, azules, rosas….etc. Julia sacó de nuevo el espejo de su mochila como había hecho el día anterior, y una por una  fue enseñando a cada margarita sus nuevos colores. Qué contentas estaban todas con sus nuevos colores. Ahora su jardín tenía tantos colores como el arcoíris.

Y colorín coloreado este jardín hemos pintado.

FICHA

TÍTULO DEL CUENTO: La jardinera despistada.

EDAD: 5-6 años.

RESUMEN: Julia, una joven jardinera, a la que le encanta su trabajo, decide reparar y pintar su cobertizo, sin saber que esto traerá como consecuencia la creación del jardín con más colores del mundo.

PALABRAS CLAVE: Margaritas, regadera, cobertizo, primavera, colores, jardín.

EXPLICACIÓN CIENTÍFICA: La teoría que se pretende explicar en este relato es la teoría de la capilaridad. La capilaridad es una propiedad de los líquidos que hace que, debido a su fuerza intermolecular, suban o bajen por un tubo capilar. Un ejemplo fácil de entender por los niños es el de las plantas, que succionan el agua del terreno mediante capilaridad.

AUTORES: Lara Carrera Monroy, Arantxa Machuca Ferrer, Amanda Mediero de la Morena, Dolores Sáez Martínez, Irene Sánchez López.

Leo y la máquina del tiempo

Una soleada mañana de Mayo, en el colegio Los Planetas, iban llegando los niños del último curso de infantil. A medida que iban entrando en el aula dejaban sus cosas y se iban sentando en el tapiz para comenzar la asamblea.

Ese día, la profesora Marta les propuso un tema que daría mucho que hablar, el invento de la máquina del tiempo. Esta les preguntó qué sabían acerca de ella y si alguna vez la habían visto. Ningún niño sabía mucho sobre de ella, excepto uno, Leo. Mientras todos se preguntaban qué era ese aparato tan raro, Leo les respondió, ya que casualmente su padre era científico y  le había oído hablar sobre esto.

La profesora comenzó a hablar sobre el uso que tenía esta máquina, e incluso se le ocurrió bromear con que ella había viajado a la edad de Piedra, y que allí vio cómo vivían los neandertales, así como los utensilios que usaban para comer o para cazar. Esto no quedó así, ya que Leo se interesó bastante por la anécdota que había contado su profesora Marta. Al llegar a casa, Leo fue a contárselo corriendo a su padre y este, muy sorprendido, le contó que las máquinas del tiempo no existían. El pequeño Leo se quedó muy entristecido, porque se creía que su padre también había visto una de estas máquinas.

Esa noche, mientras Leo dormía, escuchó unos ruidos un tanto extraños, los cuales le dirigieron hacia el sótano de su casa. Al llegar a la puerta, con cierto temor decidió abrirla, aprovechando un descuido de su padre, ya que no le dejaban bajar allí por su seguridad. Cuando se adentró en el oscuro sótano, intentó averiguar de dónde procedía ese ruido tan raro que había escuchado. Tras unos minutos sin parar de buscar… ¡ALLÍ ESTABA!, la máquina del tiempo con la que él había soñado.

Cuando exploró por un buen rato, Leo comenzó a presionar todos los botones que veía en la máquina, de pronto empezaron a sonar los ruidos que le habían despertado. Al cabo de unos segundos, una puerta se abrió y Leo decidió introducirse en la máquina, pero no sin antes coger su valiosa cámara de fotos. Sin pensárselo dos veces, el niño cerró los ojos muy fuertes y concentrándose pensó en lo que habían hablado en clase, es decir, La edad de Piedra. Cuando menos se lo esperó, Leo se había teletransportado a esa época.

Mirando a su alrededor, observó que nada era como su ciudad, ya que allí solo había cuevas, árboles, y algún que otro animal que él no conocía. Leo vio una cueva muy grande, y sin ningún miedo entró en ella, vio que las paredes estaban llenas de dibujos, pero no reconocía nada que estuviera escrito, solo había representadas personas con lanzas y grandes animales. Además, se percató de que en algunos dibujos había algo parecido al fuego. Cuando salió de la cueva, se encontró de frente con un niño que parecía de su edad y el cual hablaba de una manera muy rara, haciendo ruidos muy fuertes.

El pequeño Leo se asustó, pero recordó todo lo que le había contado su profesora. Por ese motivo decidió seguirle e investigar un poco más acerca de aquella época. Leo fue fotografiando todo lo que iba viendo a su alrededor, el fuego, las cuevas, las pinturas en las paredes, al niño neandertal, los utensilios de piedra que utilizaban para cazar… Estos últimos se componían de lanzas con puntas de piedra, arcos… gracias a los cuales aquellas personas podían cazar, pescar y recolectar frutos.  Lo que había contado su profesora en clase era cierto y miraba todo aquello con asombro. No olvidó que ese período se dividía en tres etapas, que aunque le costó recordar consiguió ordenar en su cabeza: El Paleolítico, el Mesolítico y el Neolítico.

Muy contento y pensando que había hecho un gran descubrimiento, se dirigió de nuevo a la máquina del tiempo para volver a su casa.  Cuando llegó a casa ya era la hora de ir al colegio. Leo cogió sus cosas y caminó hasta allí. Una vez llegó, Leo enseñó a sus compañeros y a su profesora lo que había sucedido esa noche. Todos quedaron muy sorprendidos, algunos le creían y otros no, pero Leo tenía la gran satisfacción de haber realizado una gran aventura.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado, y colorín colorete, por la máquina del tiempo sale un cohete.

¡La gran aventura de Lucía!

Lucía era una niña muy aventurera. Le encantaba jugar, la naturaleza y los animales.

Pasaba los veranos enteros en casa de sus abuelos, unos amables ancianitos con un gran pasado. ¡Los abuelos de Lucía fueron unos grandes científicos!

Un día, jugando por la gran casa de sus abuelos, subió al oscuro desván. Allí entró muy asustada. Había muchas cosas: lámparas antiguas, cajas llenas de viejos instrumentos de laboratorio…

A lo lejos, vio algo muy grande cubierto por una sábana. Fue sin pensarlo a ver lo que era, y se llevó una gran sorpresa. No se lo podía creer, era una ¡máquina del tiempo!

Estaba cubierta de polvo y sabía que la construyeron sus abuelos hace muchos años.

Lucía era muy valiente, por lo que no dudó en ponerla en marcha y ver que sucedía. Comenzó a tocar todos los botones que la maquina tenía.

Pronto, empezó a notar un pequeño cosquilleo que empezaba por las piernas e iba subiendo lentamente hacia los brazos.

Asustada se levantó, y cuando el cosquilleo llegó a su cabeza, todo empezó a dar vueltas. Empezó a gritar, hasta que de repente, estaba rodeada de gente, sentada en una gran playa.

Lucía no sabía que era ese sitio, pero vio un coche volando cerca de ella. ¡Los coches volaban por encima del agua! La playa estaba llena de máquinas, personas con ropas de baño muy extrañas, bicicletas que circulaban por encima del agua, robots paseando mascotas… ¡ESTABA EN EL FUTURO!

Pero Lucía no recordaba la playa así. Había muy poca arena y muchísima agua. Además no había conchas en la orilla y todo estaba más sucio de como ella lo vio por última vez.

De repente pasó un grupo de gente anunciando la gran excursión de buceo de la ciudad, asique sin dudarlo decidió apuntarse.

Al terminar la excursión, Lucía se sentía triste, ya que todo lo que ella recordaba del fondo marino ya no existía. No había plantas ni algas, tampoco corales ni peces de colores. Las tortugas eran diferentes y no existían tantas clases de animales. Asique decidió volver a casa.

Cuando fue a tocar los botones de la máquina para volver al presente, hubo un fallo y la máquina del tiempo le llevó a otro lugar del futuro.

Estaba en un pequeño iceberg, sin mucho espacio. Lucía no recordaba los icebergs así de pequeños.

Después de varios intentos, consiguió arreglar la máquina y volver a casa.

Volvió al presente muy desilusionada, porque había visto lo que tantas veces le decía su abuelo: “Los humanos tenemos que cuidar nuestro planeta si no queremos que todo cambie a peor.”

Ella había notado muchos cambios. Ya no existía el hielo. Se había derretido y el agua había subido, por lo que había poca arena en las playas. La mayor parte de los animales marinos que ella conocía habían desaparecido y el fondo del mar parecía un vertedero.

Decidió hacer un último viaje. Fue al Amazonas, esa gran selva de Sudamérica.

Cuando llegó allí, había muy pocos árboles y animales. En su lugar había muchos comercios y carreteras. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué han desaparecido tantos árboles y animales?

Lucía se dio cuenta de todo lo que los seres humanos podemos causar al planeta.

Por lo tanto, volvió al presente de nuevo.

Entonces decidió, que cuando empezara el cole, contaría a sus compañeros su gran aventura, para explicarles la importancia de cuidar desde ya el planeta.

El colegio apoyó a Lucía, haciendo campañas para el reciclaje, como por ejemplo, reciclar el plástico, recoger los residuos de las playas, parques y bosques, cuidar de las plantas y los animales, hacer papel reciclado…

Así, poco a poco, aprendieron a cuidar y respetar el medio ambiente, concienciándose de la gran importancia que tiene la naturaleza para nuestra vida.

FIN.

Cuento:

¡La gran aventura de Lucía!

Edad:

3-4, 4-5, 5-6 años

Resumen:

Lucía, un niña muy aventurera, descubrió la máquina del tiempo de sus abuelos, que le permitía viajar al futuro y ver todo lo que había cambiado el mundo desde que los seres humanos actuamos sobre él, dando lugar al cambio climático, y por consiguiente a la desaparición de la naturaleza.

Palabras clave:

  • Naturaleza
  • Medio ambiente
  • Cuidado y respeto
  • Deshielo
  • Reciclaje
  • Contaminación

Explicación científica:

Este cuento se basa en la importancia que tiene la naturaleza, ya que así se explica a los niños el cambio que se puede producir por la mala acción del ser humano sobre el planeta, concienciándoles de su cuidado. Además el mantenimiento de la vegetación, del agua y de los animales es esencial para que se pueda continuar con el ciclo de la vida.

Autores:

“Laura Cano Garví””, “Yolanda Garrote Mercuende”, “Cristina Grande Moreno”, “Melodía López Teno” y “Sarah Martín Akhtar”.

3º Grado de Educación Infantil. URJC Móstoles, turno de tarde. Didáctica del conocimiento del medio natural.

 

 

CUENTO: “El secreto de las plantas”

1.TÍTULO

“El secreto de las plantas”

2.CUENTO:

Había una vez una niña llamada Elisa que le gustaba  mucho ir al colegio.

Un dia su profesora les dijo a los  niños:

-Mañana vamos a plantar una semilla que se convertirá en una hermosa planta.Cada uno tendréis que traer un vaso de plastico y tres judias.

Al día siguiente, la profesora les explicó que tenían que poner las judías dentro de algodón, echarlas agua y ponerlas en el poyete de la ventana para que las dieran el sol.

Después de unos días, la profesora les pide que observen la planta y les va diciendo el nombre de sus partes (tallo, hojas, raíz).

Elisa se da cuenta de que a casi todos sus amigos su planta les está creciendo y le pregunta a su profesora:
-¿Por qué mi planta no crece?

La profesora le contesta:
-Algo estarás haciendo mal. ¿La riegas todos los días?  ¿ La has puesto en el poyete de la  ventana para que la dé la luz del sol?.

-Elisa: ¡ Oh! la tengo siempre en mi mesa y algunas veces se me olvida regarla.

-Profesora: Pues ya tienes la explicación de porqué tu planta no está creciendo. Las plantas tardan en crecer pero hay que cuidarlas echándoles agua y dejandolas en un sitio al que llegue la luz del sol.

– Elisa estaba muy triste pero entendió muy bien lo que su profesora le dice.

Profesora: Se dirigió a  los niños para explicarles el siguiente paso .

Si queréis mantener la planta tenéis que echar poco a poco tierra en el vaso y cuando vaya creciendo transplantarla con ayuda de vuestros padres a una maceta.

A partir de ese momento, Elisa estaba tan entusiasmada por conseguirlo que empezó a plantar semillas en el jardín de su casa hasta que consiguió que creciera su propia planta.

                                                               FIN

1.PALABRAS CLAVE:  

-SOL

-AGUA

-TIERRA

-SEMILLA

-RAÍZ

-HOJAS

-TALLO

2.EDAD

De 4-5 años

3.EXPLICACIÓN CIENTÍFICA

Con este cuento pretendemos enseñar a los niños el proceso mediante el cual una semilla se desarrolla hasta convertirse en una planta. Para lograr esto, toda planta requiere de ele-mentos básicos para su desarrollo: la luz, el agua, la temperatura y los nutrientes. Éstos son críticos para el crecimiento de la planta porque son necesarios para la fotosíntesis. Si tu planta no recibe cantidades suficientes de estos elementos, entonces su crecimiento puede verse limitado.

Autores:  “Vega de la Fuente Jennifer” 3ºB

¡El cumpleaños de Tambor!

Había una vez un pequeño bosque al sur de la ciudad, llamado Frondoso. Se llamaba así porque tenía muchos árboles muy, muy grandes.

Frondoso no era igual a los demás, era diferente, porque sus árboles estaban repletos de enormes hojas verdes con elegantes flores de muchísimos colores, que aguantaban durante todo el año.

En él vivían tres grandes amiguitos, un pequeño y blanco conejo llamado Tambor, un elegante y grande oso conocido como Perezoso ya que le gustaba mucho dormir y era un poco vaguete, y un astuto y hambriento zorro llamado Nicolasín.

Cada mañana, cerca del gran roble, jugaban juntos al escondite al que el astuto Nicolasín siempre ganaba, ya que era muy listo y perspicaz. Jugaban  hasta que que llegaba la hora de la comida y escuchaban a sus madres gritar: ¡a comer! ¡La comida ya esta lista!.

Los tres pequeños se despedían rápidamente, pues sus ganas de comer eran grandes e iban corriendo a su casa. Cuando llegaban…

¡TOC TOC!

Tambor tocaba la puerta, gritando: Mamá soy yo, Tambor con una colita blanca como el algodón, entraba a casa, se lavaba las manos y se sentaba a esperar su comida, un delicioso plato de lechuga y zanahoria.

¡ÑAM, ÑAM!: Decía Tambor mientras saboreaba su almuerzo, ¡Está delicioso mamá!.

Nicolasín era un zorro muy veloz y astuto, y mientras iba de camino a casa, cantaba muy fuerte, tan fuerte que su madre podía oírlo y poner la mesa antes de que Nicolasín llegará a casa. Así cuando llegaba el astuto zorro, todo estaba preparado y listo para comer.

¡Que bien huele! ¡Mi comida favorita, pollo frito y costillas a la barbacoa!: Dijo Nicolasín sonriente, mientras se preparaba para devorar su plato en tan solo unos segundos.

Perezoso no corría  la misma suerte de Tambor y Nicolasín, ya que su comida era diferente cada día y no sabía qué plato le esperaría en la mesa.

Perezoso mientras iba de camino a casa, pensaba en lo que mamá Osa había preparado para comer. -Lechuga o pollo o ambas comidas, decía mientras acariciaba las flores del bosque.

Por fin y después de mucho andar, llegó a casa, se lavó las manos y se sentó a esperar su comida. ¡Esto de no saber que voy a comer hoy no me gusta nada!. Dijo Perezoso muy enfadado. Cuando llegó a casa se encontró un plato de ¡pollo con lechuga! Que rico pensó perezoso, y se puso muy contento.

Al día siguiente volvió a quedar con sus amigos cerca del gran roble como siempre y allí estaba Tambor que esperaba a los dos amigos con ansias porque les quería dar una grandísima noticia: -Perezoso, Nicolasín, en dos días es mi cumpleaños y quiero invitaros a mi fiesta. Os invito a comer a mi casa.

-¿Siii?- Dijeron los dos amigos a la vez.

-Sí y vuestras mamás también están invitadas- Respondió Tambor.

-¡Que bien!, estaremos todos juntos- Respondió Perezoso.

Después, los tres amiguitos se pusieron a jugar como siempre hasta la hora de la comida que les llamaba sus mamás.

Cuando llegó el gran día fueron todos a casa de Tambor y allí se encontraron una gran fiesta decorada con globos de cumpleaños y una enorme mesa en la que había mucha comida (lechuga, zanahorias, etc.), y en el centro un gran pastel de verduras. Los tres amiguitos empezaron a jugar, al pilla pilla, al juego de la silla…y a muchos más, pero de tanto correr y jugar empezaban a tener hambre, cuando llegó la hora de la merienda todos los amigos se acercaron a la mesa para empezar a comer.

El anfitrión de la fiesta, Tambor, dijo: Mi mamá ha preparado mi comida favorita: zanahoria, lechuga, hojas de arbustos… El zorro dijo: yo aqui veo mucho verde, esto no lo puedo comer, no me gusta nada, y le preguntó al oso, ¿y a tí te gusta esta comida? Perezoso le respondió: A mí sí me gusta porque mi mamá me prepara una gran variedad de comida todos los días.

¡Jo, a mi no me gusta!- Dijo el zorro y de repente se puso a llorar. No sabía por qué él era diferente, por qué a él no le gustaba las verduras y a sus amiguitos sí. Justo en ese momento llegó la mamá de Perezoso y le preguntó: – ¿Qué te ocurre Nicolasín? y Nicolasín le respondió: – Que no se porque soy diferente y no me gustan las verduras.

Entonces, la mamá de Perezoso les explicó que a cada animal le gustaba y comía un determinado alimento.

Mamá sonrió y le explico:

-Mirad chicos, nosotros los animales nos clasificamos según nuestra alimentación en: herbívoros, carnívoros y omnívoros.

-El zorro preguntó, ¿Qué son los carnívoros? -Fácil, los carnívoros, son animales que se alimentan de carne. – y los herbívoros que son, pregunto nuevamente Perezoso.

-Los herbívoros, son animales que se alimentan exclusivamente de plantas y no de carne. -Mama, tu y yo somos carnívoros o herbívoros o podemos ser los dos a la vez.

Mama Osa, riéndose de lo que acababa de escuchar contestó: -Nosotros, somos Omnívoros. Nos alimentamos de vegetales y de carne,  es por eso Perezoso que tu no sabes qué comida te espera en casa, porque cada día comemos diferente.

Sin embargo, Tambor y Nicolasín, comen cada día lo mismo, por eso saben lo que comerán después de jugar.

Todos se pusieron muy contentos al saber que tipo de alimentación tenía cada uno.

Después, llegó mamá zorra que había ido a por la comida de Nicolasín y le trajo su plato preferido, el pollo con salsa que tanto le gustaba.

Entonces comenzaron a merendar todos los amigos ya contentos cada uno con la comida que le gustaba. Cuando terminaron de merendar, la mama de tambor encendió las velas de la tarta y todos empezaron a cantar  el cumpleaños feliz a Tambor, y él muy contento soplo las velas de su increíble tarta.

A la mañana siguiente cuando fueron al colegio, los tres amigos le contaron a la profesora ardilla algo que habían aprendido en el cumpleaños de Tambor:

Seño sabes que hay tres clases de alimentación según el tipo de animal que seas, los herbívoros comen plantas, los carnívoros carne y los omnívoros cualquiera de las dos. Toda la clase se quedó patidifusa, con los ojos abiertos como platos, ¡no tenían ni idea! La profesora ardilla se puso muy contenta y dijo: ¡Que chicos más listos!, ¿Habéis visto?  todos los días se aprende algo nuevo chicos, como dice el refrán: no te acostarás sin saber una cosa más.

Y así los tres amiguitos muy contentos con lo que habían aprendido, se sentaron en su mesa con los demás compañeros.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado, si quieres que te lo cuente otra vez, cierra los ojos y cuenta hasta tres.

FICHA

Edad: El cuento va dirigido a 5-6 años.

Palabras claves: carnívoro, herbívoro, omnívoro, oso, conejo y zorro.

Resumen: El cuento trata de tres amigos que vivían en un bosque: el oso, el conejo y el zorro. Un día, el conejo Tambor les invitó a su fiesta de cumpleaños. En ella, solo había verduras para comer y el zorro se angustió mucho porque no le gustaba. Al final, el zorro come su comida favorita porque su mamá se lo llevó y la mamá del oso les cuenta el por qué cada uno tiene un tipo de alimentación. Al día siguiente, todos los amigos entusiasmados por saber algo nuevo lo cuentan en el colegio para que se enteren todos su compañeros.

Explicación científica: A través de este cuentos queremos explicar la clasificación de los animales según su alimentación de una forma fácil, lúdica y entretenida. Los animales según su alimentación se clasifican en: Herbívoros, carnívoros y omnívoros.

  • Los herbívoros se alimentan de plantas
  • Los carnívoros se alimentan de carne y por lo general son depredadores o carroñeros.
  • Los omnívoros pueden comer vegetales y carnes por lo que se nutren de toda clase de alimentos.

Autores: Carrero Sánchez, Candelas; Crespo Barranco, Gemma; Gutiérrez Jiménez, Sonia; Jarrín Quiñaucho, Karen Paola.  

Narigota y el país del Ciclo del Agua.

Érase una vez, una gotita viajera llamada Narigota a la que le encantaba viajar por el país del Ciclo del Agua. Le gustaba tanto que todos los días viajaba de un sitio a otro.

Los viajes eran muy frecuentes en este país. Todas las gotas solían hacer muchos viajes. ¡Qué gotas más divertidas!

Un día, Narigota habló con el guía turístico de la ciudad de Marlandia para que le propusiera alguna ruta que hacer. Don Marilón, que así era como se llamaba, le aconsejó hacer la famosa ruta del Ciclo del Agua.

A Narigota le pareció muy interesante, así que decidió hacer la ruta y cogió un mapa para no perderse.fe

¡Así era su mapa!

Le indicaba su posición con este icono tan mono:

fds

Narigota se dispuso a empezar la ruta y, para ello, necesitaba sus increíbles trajes de los estados. Según su mapa tenía que empezar por ponerse el traje de evaporación para no hacerse daño en el trayecto.

Una vez puesto, fue al punto de partida, donde se juntó con otras gotas, y allí empezaron a subir hacia Nubelandia.

¡Nubelandia era increíble! Era esponjosa, tenía unas vistas maravillosas y se estaba de lujo.

Allí Narigota hizo un amiguito, Vaporón, que le enseñó que la ciudad estaba hecha de nubes.

Narigota vio que en una de las nubes había gotas con otros trajes de estado que subían desde la ciudad de Forestación.

Cuando Vaporón se dio cuenta de que las estaba mirando, le dijo:

  • Lo que te espera ahora es más divertido, Narigota, pero te tendrás que poner tu traje de condensación para descubrirlo. ¡Qué te lo pases bien, amigo!

Narigota se puso su traje, que pesaba mucho, muuuuucho más que el anterior, y se reunió con las otras gotas para seguir con su ruta.
Pero antes tenían que comer porque esta parte exigía que pesasen bastante para poder caer por su propio peso a la siguiente ciudad.

Al cabo de un rato, Narigota se sentía muy pesado y tenía frío, ¡ya estaba listo!
Ahora sólo tenía que decidir en qué fila ponerse, si en la del trayecto con lluvias o en el trayecto con nieve. Al final se decidió por el de lluvias, pues le daban una sensación relajante a su cuerpo y, además, así no pasaba más frío.

Entonces, Narigota y otras gotas más, empezaron a caer de la nube en forma de lluvia hasta llegar a Riachuelandia y, una vez allí, se tenían que poner rápidamente su traje del estado de escorrentía.

A Narigota no le gustaba Riachuelandia. En esa ciudad todo era estrés, prisas y empujones entre las gotas.
Por suerte para Narigota, muchas tenían otros destinos a los que llegar: algunas elegían filtrarse por el suelo, otras decidían ir a los lagos y unas pocas, como en el caso de Narigota, querían volver a casa.

Esta ruta le gustó tanto a Narigota que, cuando llegó a Marlandia, se dijo a sí misma que la volvería a hacer muchas veces más.

Ficha:

– Edad: 5 años.

Palabras clave: Estados, evaporación, condensación, escorrentía.

Explicación científica: Se explica de una forma lúdica el ciclo del agua. El agua sufre cambios en su estado continuamente, pasa de estado sólido a líquido, de líquido a gaseoso, etc. Este conjunto de cambios se denomina “ciclo del agua”.

El ciclo del agua comienza en los océanos. El sol calienta el agua y ésta se evapora. Posteriormente, de esta agua evaporada, se forman nubes cuyas partículas van aumentando de tamaño y acaban precipitando en forma de nieve o lluvia.
Después el agua corre por la superficie, lo que se denomina escorrentía.
Finalmente, este agua puede filtrarse por la tierra o alcanzar los ríos y llegar de vuelta al océano.

– Autores: Barbado Estrada, María; Chaves Montero, Amanda; Fuentes Gómez, Míriam; Otero Llanos, María.

Viajando con Pepo

Luna era una niña con dos coletas negras como el carbón y un bello vestido de color azul. Ella era muy sonriente y soñadora, siempre se estaba inventando historias sobre mundos desconocidos.

Un lunes, estando en clase, la señorita Lola les leía el cuento favorito de Luna “Los ocho planetas y su amigo el Sol”. Luna no paraba de imaginarse viajando en una nave y descubriendo el universo, yendo de un planeta a otro. Estaba convencida de que en otros planetas había muchos amigos con los que jugar.

Más tarde, su abuelita Juana, fue a recogerla al cole y Luna no paraba de contarle todas las cosas que había hecho. Cuando llegaron a casa, comió, se sentó en su lugar favorito y se puso a mirar al cielo. Le encantaba imaginar millones de aventuras, pero ese día, fue diferente. Cuando estaba imaginando una de esas historias, vio una especie de rayo que caía del cielo en el jardín de los abuelos. No podía creer lo que acababa de ver, tenía que salir a averiguar qué era lo había caído en el jardín, – a Luna le podía más la curiosidad que el miedo. Salió lentamente y un poco temerosa, desde la puerta que daba al jardín miró y observó a su alrededor. En el rincón donde estaban las margaritas, había un agujero y salía un poco de humo. Mientras Luna se acercaba despacio para ver qué había, se abrió una puerta y de ella salió un extraterrestre de muchos. ¡Luna no se lo podía creer! ¡No sabía qué hacer! El extraterrestre la miraba fijamente y ella a él, hasta que Luna se decidió a hablar:

  • Hola yo me llamo Luna, tengo 5 años. ¿Cómo te llamas? ¿De dónde vienes?- el extraterrestre la miro e hizo una especie de ruido.

Luna se asustó un poco. El extraterrestre miró su muñeca, tenía una especie de reloj, y le dio un pequeño giro para sintonizar el habla del planeta Tierra.

  • Yo me llamo Pepo y vengo de un planeta muy lejano. Hola Luna.

Luna le notó asustado y tembloroso; pero ella estaba feliz, ya no tenía miedo, ahora conocía a alguien de otro planeta.

Pepo le conto que él estaba siguiendo la nave de sus padres y por mirar un asteroide se equivocó de camino y dio a parar a la Tierra. Estaba muy triste porque quería volver con sus padres. Luna le dijo:

  • Los asteroides son como rocas muy grandes que están en el cielo, ¿no?
  • Si, Luna. Se mueven por el espacio.
  • Y ahora Pepo, ¿cómo volverás a casa?
  • No lo sé… no tengo a mis papás para que me guíen a casa.

Luna se puso a pensar, tenía que ayudar a su amiguito nuevo. De repente, Pepo se acordó de algo:

  • Mis  padres siempre me dijeron que si algún día me perdía y llegaba a un planeta que se llamara Tierra, que esperase a la noche para ver las estrellas, que ellas me guiarían a casa.
  • Pues Pepo, ¿jugamos y me cuentas cómo es el sitio donde vives, mientras esperamos a que llegue la noche?

A Pepo le pareció una gran idea, estuvieron toda la tarde jugando y conociéndose, ¡qué felices que eran los dos! Sobre las 6 de la tarde vinieron los padres de Luna para llevarla a casa. Pepo redujo y guardó su nave en el reloj que tenía en la muñeca y, sin que los padres de Luna se diesen cuenta, se metió en el coche con ella.

En casa de Luna siguieron jugando, hablando, comiendo y disfrutando, cuando se quisieron dar cuenta ¡era ya de noche! Esa noche se veían fenomenal las estrellas, salieron al jardín y Pepo saco la nave. Luna estaba triste porque su amigo se tenía que ir, y ella no podía acompañarle, pero Pepo la preguntó:

  • ¿Te apetecería venir conmigo y ayudarme a llegar a mi casa?

Luna entusiasmada le contestó rápidamente.

  • ¡Sí, me encantaría!, pero tendré que decírselo a mis padres.
  • No te preocupes, mi nave es muy veloz y antes de que amanezca estarás en casa.

Luna como de costumbre se fue pronto a la cama. Pepo la esperaba en la ventana de su habitación, y en un pis – pas, estaban fuera de La Tierra. El primer planeta que visitaron fue Marte, sus habitantes eran de un color amarillo-rojizo con la forma de un quesito. Pepo se dio cuenta de que ese no era su planeta. Pepo preguntó a uno de ellos:

  • ¡Hola!, estoy buscando la primera galaxia a la derecha de Neptuno. ¿Me puede decir el camino que debo seguir?
  • Tienes que seguir todo recto y verás unos cuantos planetas más. Cuando llegues a un planeta con unos anillos a su alrededor, vuelven a preguntar y allí os indicarán.

Luna y Pepo hicieron caso a los habitantes de Marte. Ella estaba alucinada, ¡qué aventura más grande estaba viviendo! Todo era más increíble y grande de lo que había llegado a imaginar.

Viajaron de un planeta a otro en cuestión de segundos, Pepo no la había engañado, ¡su nave era muy veloz! Durante todo el viaje, le iba indicando a Luna cómo se llamaban los planetas.

Después de Marte, pasaron por un planeta muy bonito y grande, Se llamaba Júpiter. Más tarde llegaron a Saturno, el planeta de los anillos.

Luna se impresionó mucho, porque los habitantes de ese planeta ¡vivían debajo de la tierra! Las paredes de las casas eran dulces y llenas de colores, además había mucha luz, sus habitantes parecían avestruces multicolores. Pepo le pidió ayuda a un saturniano, que le indicó el camino que debía seguir para llegar a casa.

  • Luna ya sé el camino a casa, tenemos que llegar a Neptuno, y a lo lejos veremos una estrella muy brillante. Detrás de ella estará mi Galaxia y mi casa.
  • ¡Jo!, ya falta menos para que encontremos tu planeta, eso me pone contenta y triste a la vez.
  • No te preocupes Luna, porque seremos amigos para siempre y te iré a visitar a La Tierra con mis padres.

Volvieron a ponerse en marcha. Pasaron Urano, que era un planeta un poco frio y sus habitantes parecían osos polares, ¡pero eran de color azul! Por fin llegaron a Neptuno, allí bajaron para llenar la nave de combustible. Sus habitantes eran muy alegres y amables. Luna era la niña más feliz del mundo, sentía que era la protagonista de su cuento favorito.

Volvieron a ponerse en camino hacia la galaxia donde se encuentra el planeta de Pepo. Su Galaxia tenía 20 planetas, el suyo era el primero. En el centro se encuentra un sol dos veces más grande que el de nuestro sistema solar.

¡Y por fin llegaron al planeta de Pepo! Era cuatro veces más grande que la Tierra y físicamente se parecía a la tierra; aunque el agua era de color morado y la tierra de color verde y amarillo. Pepo estaba muy feliz porque iba a ver a sus padres.

  • Mira Luna este es mi planeta, se llama Arcobiris, ¡que ganas tengo que te conozcas a mi familia!
  • ¡Qué bonito es tu planeta!
  • Mi casa es esa de allí.

Nada más aterrizar su nave en una especie de jardín, Pepo salió corriendo, a abrazar a sus padres.

  • ¡Oh Pepo!, estábamos muy preocupados, que felicidad.
  • Mira papá y mamá, ésta es mi amiga Luna, ella me ha ayudado mucho.
  • Hola Luna, gracias por ayudar y cuidar a nuestro pequeño Pepo.

Luna estaba encantada en el planeta de Pepo y con su familia, pero ya estaba extrañando a sus padres y amigos.

  • Bueno Luna ya es hora de que te llevemos a casa.

Empezaron hacer el viaje de vuelta, pero ésta vez, acompañados de los padres de Pepo. Luna no se podía creer lo que había vivido aquella noche.

  • Gracias por todo Pepo, siempre seremos amigos.
  • Gracias a ti Luna, te haré muchas visitas y seguiremos visitando el Universo.

Los dos amigos se dieron un gran abrazo. Pepo y sus padres desaparecieron en el cielo oscuro. Esa noche, Luna durmió más tranquila y feliz que nunca.

Nuria Chicote Moral

Paula Gómez Sanclemente

Dalila Higuita Montoya

Lidia Lamsfus Franco

Reyes Mª Rodríguez Carrero

UN CUMPLEAÑOS…¡FELIZ!

Julio tenía ya cinco años. Hoy era el día que había estado esperando durante tanto tiempo. Era su cumpleaños. Sus padres le iban a llevar al zoo para que viera todos los animales que vivían allí. Él estaba muy ilusionado ya que desde que conoció a Daisy, su perrita, no había nada en el mundo que le gustara más que saber cosas sobre los diferentes animales que podía encontrar.

Pero el día no empezó como había imaginado. Daisy comenzó a quejarse y no paraba de moverse. ¡No se estaba quieta ni un instante!

Julio fue corriendo a decírselo a sus padres. Ellos también corrieron para ver a Daisy porque según intentaron explicarle “había llegado el momento”. Daisy estaba embarazada e iba a ser mamá.

Unas semanas antes, toda la familia la llevó al veterinario y les confirmaron que la perrita iba a tener cuatro cachorros, más o menos en tres semanas. Pero como si Daisy quisiera que sus hijitos nacieran el mismo día que Julio, el parto se adelantó haciendo coincidir las dos fechas del año. ¡Julio no podía estar más contento!

Una vez pasado el miedo inicial, aparecieron los nervios y la impaciencia por ver a los cuatro nuevos miembros de la familia.

Daisy poco a poco fue teniendo a sus cachorros y por suerte todo salió bien. La madre los lamía y los limpiaba intentando que los pequeños entraran en calor y que pudieran respirar sin problemas. Al poco tiempo los pequeñines estaban limpitos y empezaron a moverse. Tenían los ojos cerrados, pero sin saber cómo, fueron uno detrás de otro hacia Daisy y empezaron a mamar.

Julio no comprendía muy bien lo que estaba pasando y creyó que la estaban haciendo daño, pero Ángel y Sara, sus abuelos, le explicaron que Daisy era un mamífero, igual que ellos y que los animales que son mamíferos se alimentan de la leche de sus madres cuando son pequeños. También le contaron que los perritos no tenían dientes y que no se tenía que preocupar pues Daisy no sentía sus mordisquitos.

En ese momento, su madre dijo que Daisy debía estar muy cansada por todo lo que había pasado y que necesitaba estar tranquila ahora que todo había terminado. Por eso, poco a poco salieron todos de la habitación.

Julio quería saber más sobre los mamíferos y deseaba preguntar cosas a sus padres y abuelos.

Así fue como Julio se enteró de que los caballos, los delfines, las ballenas, las vacas, las ovejas, los tigres, los elefantes, los perros, los gatos, los humanos… eran todos mamíferos ya que todas sus crías se alimentaban de la leche de la madre al nacer.

Tan interesado estaba en la conversación que no se dio cuenta de que sin dejar de hablar con su familia, habían salido de casa y llegado a las puertas del zoo.

Ahí estaban los cinco, en la fila para comprar las entradas y poder pasar al lugar donde vivían los seres más asombrosos que Julio jamás imaginó. ¡No podía estar más alegre, iba a ser el mejor día de su vida!

Por megafonía se podía escuchar como anunciaban que a las 11:30 de la mañana se abriría la zona “El fondo marino”.

-Julio rápidamente preguntó: ¿qué hora es?, si nos da tiempo, ¿vamos allí primero?

¡A Julio le encantan los peces! Desde muy pequeño se sienta cada mañana frente a la pecera que tienen en su casa y con gran asombro los observa flotar, moverse y cómo solo sacan la boquita un poco cuando les echa de comer. Preguntándose ¿cómo respiran entonces?

“El fondo marino” era un lugar realmente increíble, Julio por primera vez se sintió como uno de sus pececitos de casa estando dentro del gran acuario. Miles de peces diferentes pasaban cerca de él. Y pudo entender por fin, por qué sus peces solo sacan la boquita para comer, ¡Porque no tienen nariz como nosotros! Ellos respiran a través de branquias que se abren y cierran dentro del agua y él se las pudo ver.

Julio salió, sorprendido de “El fondo marino”, no esperaba que existieran tantos peces diferentes de color, tamaño y forma, y que además no vivieran todos en el mismo agua, sino que descubrió que hay peces que viven en aguas dulces y otros en aguas saladas.

Después de ver los peces, Julio llegó con su familia a un sitio cubierto por plásticos. Dentro hacía mucho calor y había muchísima humedad.

-¿Qué animales puede haber aquí? se preguntó.

Pronto respondió a su pregunta, miró a una de las muchas urnas que había en ese lugar y vio una pequeña rana verde. Siguió mirando las urnas y vio sapos de varios tamaños, ranas de varios colores, salamandras y tritones. ¡Qué curiosos los tritones!, nunca los había visto pero le gustaron mucho.

Julio volvió a observar la primera rana que vio nada más entrar. Pero… ¡Un momento, tiene bebés!

El abuelo le explicó que los bebés de las ranas se llaman renacuajos.

Julio siguió observando a la pequeña ranita durante un rato más.

-Abuelo. ¿Por qué la ranita está fuera y sus bebés están dentro del agua todo el rato?

El abuelo le explicó que todos los animales que había visto en aquel lugar caluroso y húmedo eran anfibios. También le explicó que los renacuajos estaban dentro del agua porque cuando son pequeños respiran por branquias, como los peces, por eso tienen que en ella. Cuando estos renacuajos se hacen grandes les salen patas y respiran por los pulmones, por eso tienen que estar fuera del agua como los mamíferos.

-¿Y sabes una cosa curiosa de los anfibios, Julio? Cuando son adultos también pueden respirar por la piel, por eso este sitio está tan húmedo.

Julio se lo estaba pasando genial en el zoo, y estaba aprendiendo un montón de cosas sobre los animales. ¡Ahora quiero ver las serpientes! dijo Julio.

Al llegar a la zona de los reptiles, Julio pudo ver las serpientes que tanto le llamaban la atención, además allí también había tortugas, camaleones, lagartos, iguanas… ¡De repente, algo le llamó la atención!

-Abuela, ¿qué es eso que está al lado de esta serpiente? La abuela le explicó que algunos reptiles como los lagartos y las serpientes al desarrollarse forman nuevas escamas debajo de las que ya tienen, y estas antiguas las cambian, y que por eso dejan esa especie de funda que se le llama “camisa”.

A Julio le estaban encantando los reptiles, y quería saber más, asique preguntó:

-¿Y qué comen?

Sus padres le explicaron que hay algunos reptiles que se alimentan de hierba como las tortugas, las iguanas y algunos lagartos. Y que otros se alimentan de carne, como las serpientes, los cocodrilos y los camaleones. Así es como Julio descubrió que existían reptiles herbívoros y carnívoros.

Julio y su familia siguieron paseando por el zoo mientras observaban los monos, las jirafas, los leones, los osos y todos los animales que se iban encontrando por el camino. Pero de repente vieron una gran caseta y Julio se moría de ganas por descubrir que animales se encontrarían dentro. Al entrar todo era muy frio y había una gran cristalera con agua y hielo.

-¡Pingüinos! dijo Julio entusiasmado.

-¿Sabes que los pingüinos son aves Julio? le dijo su padre.

A lo que Julio dudoso le contestó, ¿aves? pero si no vuelan, solo nadan.

-No todas las aves vuelan Julio, ven vamos a ver más tipos de aves. Le contestó su padre.

Al salir de la gran caseta había una gran valla con árboles en la que se encontraban diferentes clases de pájaros. En uno de los árboles, que no era muy alto, se veía un gran nido con un pajarito dentro.

-¡Mira papá! ¿por qué ese pajarito está ahí metido y no vuela como los demás pájaros?

-Porque las aves ponen huevos de donde luego salen los pajaritos Julio, y la mamá les tiene que dar calor para que puedan sobrevivir.

-¿Y las aves qué comen?

-Los pajaritos que aquí se encuentran son insectívoros, es decir, que comen insectos. Los pingüinos como los que has visto antes, son piscívoros, ya que se alimentan de peces. Pero también hay aves carnívoras.

-¿Aves carnívoras? ¿comen carne? preguntó Julio asombrado.

-Si, como las águilas y los búhos.

Julio estaba aprendiendo muchas cosas que no sabía de las aves y se lo estaba pasando en grande.

Ya eran las 14:00 de la tarde, a Julio se le había pasado la mañana muy rápido y ya habían visto casi todos los animales que se encontraban en el zoo.

Los padres de Julio decidieron que todos comieran por allí en un chiringuito unos bocadillos. A la hora del postre la abuela de Julio le tenía una gran sorpresa ¡una tarta de animales!

El gran día estaba llegando a su fin, pero Julio no estaba triste porque tenía ganas de llegar a su casa para estar con Daisy y ahora sus cuatro cachorritos.

Mientras iban en el coche la mamá de Julio le preguntó:

-Hijo ¿te lo has pasado bien? ¿qué es lo que más te ha gustado?

-Si mamá, me lo he pasado muy bien , y además he aprendido muchísimas cosas como por ejemplo que los peces respiran por branquias y que hay peces de agua dulce y agua salada, que los renacuajos son los bebés de las ranas y respiran como los peces pero que cuando se hacen mayores respiran por los pulmones y también pueden hacerlo por la piel, que las serpientes y los lagartos pierden sus escamas y les nacen unas nuevas, que las aves ponen huevos y los calientan para que nazcan sus crías, y muchas cosas más.

¡Es el mejor cumpleaños de mi vida!

FICHA:

Edad: 5-6 años.

Resumen: Julio cumple 5 años y su familia ha decidido llevarle al zoo después de que su perrita haya tenido cachorros y le hayan explicado el motivo por el que es un mamífero. Allí aprende y conoce diferentes animales vertebrados como: peces, anfibios, reptiles y aves, y sus características.

Palabras clave: mamíferos, peces, anfibios, reptiles, aves.

Explicación científica: se enseña a clasificar los diferentes animales vertebrados, agrupándolos en clases.

De los mamíferos explicamos que toman leche de su madre al nacer. De los peces, que viven en el agua dulce o salada y que respiran por branquias. De los anfibios que viven en lugares húmedos y que sus hijos se llaman renacuajos y viven en el agua, aunque de adultos habitan fuera de ella. De los reptiles que mudan las escamas, soltando “la camisa “para poder crecer. Y de las aves que ponen huevos en los nidos, que no todas vuelan y que se alimentan de diferentes formas.

Autores: Marina Balbuena Martín; Leticia González Gómez; Sheila Guerrero Sánchez; Miriam Rodríguez Blázquez; Patricia Rodríguez Cristóbal.

 

 

 

 

“La pequeña Maggie”

Una mañana cualquiera “El jardín de las orquídeas” brillaba como de costumbre. Manuela y Paco tenían un precioso jardín de orquídeas a las que cuidaban cada día, con mucha mucha agua y con la luz de sol, muy necesaria para todas las florecillas.

Manuela, como cada día, salió a regar sus bellas orquídea,  sin darse cuenta de que salió de su bolsillo una semilla, ¡pero no era una semilla cualquiera! Era diferente a las que siempre plantaba Manuela. ¡Oh, oh! Dijeron extrañadas las orquídeas.

La semilla ya plantada en la tierra, con ayuda de mucho agua y de la tierra en la que estaba, fue creciendo poco a poco. Se empezó a hacer cada vez más grande y cuando por fin salió de la tierra, las demás orquídeas la miraron de una manera extraña y se empezaron a reír de ella, la decían: “Tú aquí no puedes estar, eres una fea Margarita y no brillaras tan bien como nosotras las orquídeas.” Y la dejaron sola en el jardín.

La pequeña Margarita estaba muy muy triste porque sus compañeras no la querían por ser diferente y se puso a llorar hasta que escucho una voz que la decía: “Pequeña Margarita, con mi luz vas a ser la más bonita.”

¡Oh! Exclamó la flor sorprendida ¡Eres tú señor Sol!

El señor Sol la contesto: “Si soy yo, ahora debes ser la más bonita de tu jardín y para ser la más bonita tienes que tomar mucho el sol, beber mucho agua y sales minerales que están en el suelo, así lo harás y la más hermosa serás.”

Día a día , Margarita fue creciendo gracias a los consejos del señor Sol, y como las orquídeas se alejaron de ella, estaban siempre a la sombra y empezaron a dejar de brillar. Cuando vieron el brillo de Margarita todas se acercaron a ella porque querían tener su brillo. Margarita las perdono y estuvieron todas juntas en el jardín, brillando como nunca antes.

Las orquídeas le dijeron: “Tenemos que aprender a ser tan bondadosa como tú, podemos ser amigas aunque seamos diferentes, eres la flor más bonita Maggie”

Manuela y Paco cambiaron el nombre de su jardín y ahora se llama “El jardín de las flores” donde todas las flores podían convivir juntas.

Este cuento va dirigido a niños de 4-5 años, 5-6 años.

Resumen: trata acerca del crecimiento de las plantas y flores, además de que no hay que discriminar a los demás por ser diferentes. 

Palabras claves: jardín, orquídeas, agua, regar, semilla, tierra, margarita, sombra, sol, sales minerales y flor.

Explicación científica: la fotosíntesis es la elaboración de los alimentos por parte de las plantas. Las plantas y los árboles utilizan la fotosíntesis para alimentarse, crecer y desarrollarse. Para la realización de la fotosíntesis, las plantas necesitan una sustancia, que es de color verde, que se llama clorofila. La clorofila es la encarga de absorber toda la luz del sol. Además, la clorofila es la responsable del color verde de las plantas.

Autoras: Estela de Francisco Martín, Celia Parages Torrijos y Bárbara Patiño Sánchez.