Cuento: ”La ranita Manolita”.

1.  TÍTULO:

”La ranita Manolita”

2.  CUENTO:

Había una vez, hace mucho tiempo, en una selva muy lejana, un huevito muy pequeñito en la orilla de un río.

Llego un día en el que el huevito empezó a moverse muy fuerte, muy fuerte, hasta que consiguió abrirse. De este pequeño huevito nació una larva que fue creciendo y poco a poco se convirtió en un renacuajo llamado Manolita, nuestra gran amiga de esta historia.

Manolita empezó a mirar a su alrededor y se dio cuenta de que se encontraba sola en esa gran selva y que había perdido a su mamá. Manolita se puso muy triste y empezó a llorar mucho.

En ese momento, apareció en caracol Miguelón que la había oído llorar y la preguntó:

  • Miguelón: ¿Por qué lloras pequeña?
  • Manolita: He perdido a mi mamá y estoy sola en la selva. No sé qué hacer ni dónde ir.
  • Miguelón: ¿Y por qué no vas a buscarla? Yo puedo ayudarte e indicarte el camino hacia el río de las ranas.

Al escuchar esto, Manolita dejó de llorar y le pidió al caracol Miguelón que le indicara el camino para encontrar a su mamá.

  • Manolita: Sí, por favor, necesito su ayuda. Dime cual es el camino.
  • Miguelón: Está bien pequeña. Debes nadar río abajo hasta que encuentres el árbol más alto. Detrás de ese árbol estará el río de las ranas. Ahí podrás encontrar a tu mamá.
  • Manolita: Pero yo no sé nadar, no he nadado nunca.
  • Miguelón: Sí que sabes, confía en ti y nada hasta encontrar a tu mamá. Ten mucho cuidado.

Manolita agradeció mucho su ayuda al caracol Miguelón. Aunque estaba un poco asustada, Manolita se tiró al agua. Al principio tuvo miedo, pero luego empezó a nadar fuerte y rápido.

Estuvo nadando días y días, hasta que por fin encontró el árbol. Fue arrastrándose hasta el árbol y consiguió llegar al río. Allí encontró un lugar precioso, lleno de árboles, comida y un gran río con ranas.

Al llegar allí, comenzó a gritar buscando a su madre.

  • Manolita: Mamá, mamá, ¿dónde estás? Soy Manolita.

La madre de Manolita la escuchó y fue corriendo a buscarla. Manolita había encontrado a su mamá. Las dos se pusieron muy contentas y se abrazaron.

Manolita tenía que preguntarle algo a su madre:

  • Manolita: Mamá, ¿por qué me abandonaste?

La madre respondió:

  • Madre Manolita: No te abandoné hija, tenías que crecer y hacerte rana como yo.
  • Manolita: ¿Hacerme rana? No lo entiendo.
  • Madre Manolita: En unos días lo entenderás.

Después de unos días, Manolita empezó a sentirse rara, y empezó a crecer mucho hasta que se convirtió en una gran rana preciosa de color verde. Manolita se puso muy contenta al igual que su madre y todos sus amigos. Además de encontrar a su mamá, Manolita se había convertido en una rana como todas las demás.

Al cabo del tiempo, Manolita se enamoró y tuvo mucho hijitos, que siguieron el mismo proceso que ella llamado “metamorfosis”. Primero fueron huevitos y larvas, luego renacuajos y finalmente ranas.

Y todas las ranas vivieron felices en el río de las ranas.

 

FIN

  1. PALABRAS CLAVE:
  • Huevo
  • Río
  • Renacuajo
  • Caracol
  • Mamá
  • Perdida
  • Ranas
  • Nadar
  • Crecer
  • Metamorfosis
  • Larva

3. EDAD:

4 – 5 años

4. EXPLICACIÓN CIENTÍFICA:

Con este cuento, pretendemos enseñar a los niños el proceso de metamorfosis por el que pasan las ranas. Consiste en que primeramente son un pequeño huevo, pasan a ser larva, van creciendo y se convierten en renacuajo y finalmente llegan a ser rana.

VB

5. AUTORES:

Andrea Escudero González, Andrea Sánchez Lafuente.

Advertisements

El pez Arcoiris

Imagen

Edad: a partir de 3 años.

Resumen del cuento: El pez Arcoiris es el pez más hermoso del océano, la envidia de todos los animales del mar, por sus preciosas escamas de colores. Pero es muy egoísta y vanidoso e incapaz de compartir. Cuando se ve solo y sin amigos, decide dar su tesoro más apreciado, sus escamas. 

Explicación científica: Este cuento nos servirá para trabajar entre otras, competencias sociales y la fauna propia del ecosistema acuático (peces, pulpo, estrella de mar, etc.)
Nombre y apellidos: Ana Mª Benedicto Robles. 3º Eduación Infantil (Matrícula Tarde – Asistencia Mañana)
Referencias: Este libro es del autor Marcus Pfister. El cuento ha sido utilizado como inspiración de proyectos en muchos colegios y también para la creación de vídeos y blogs de trabajo en Internet
 – Enlace a vídeo del cuento:   https://www.youtube.com/watch?v=lMYbmKXK5NA
– Enlace a blog con actividades:   http://educalim.com/biblioteca/delia/libro.html

DON ARBOLÓN

arbol

Edad: 3-4 años.

DON ARBOLÓN

 

Había una vez un colegio que se llamaba “Los Árboles”, ¿Sabéis porqué?, pues porque tenía su patio lleno de árboles. Los había chiquititos, también medianitos, grandes, y había uno que era enorme, un viejo árbol que estaba justo en mitad del patio. Se llamaba Don Arbolón y ocupaba aquel espacio desde mucho antes de que se construyera el colegio. Don Arbolón quería mucho a todos los niños que habían pasado por aquel colegio y los niños le querían mucho a él. Bajo su sombra los niños descansaban, merendaban, jugaban a los cromos, se contaban hasta sus secretos más grandes. Y Don Arbolón, impasivo, siempre acariciaba con la sombra de sus ramas a aquellos niños que tanta compañía le hacían y tanto confiaban en él.

 

Un día Don Arbolón apareció malito, con un gran agujero en su tronco y habiendo perdido todas sus hojas. Las señoritas del colegio, preocupadas, llamaron corriendo a unos señores jardineros, quienes con muy poco amor a la naturaleza y sólo con ganas de ganar dinero, ni tan siquiera se preocuparon por Don Arbolón, y al verlo tan viejecito propusieron arrancarlo y plantar en su lugar muchos árboles jóvenes.Los niños cuando oyeron aquello, sin premeditarlo, se levantaron de golpe y cogiéndose de sus manitas rodearon a Don Arbolón cantando “Don Arbolón no se va del colegio…Don arbolón se queda aquí…porque todos los niños… queremos mucho a Don Arbolón”.Las señoritas inmediatamente echaron a aquellos señores y llamaron a un viejo jardinero que vino muy deprisa con una gran maleta. Cuando vio a Don Arbolón, le tomó la temperatura, la presión, le miró la garganta…. y al ratito dijo, “necesito tierra para prepararle su medicación”. Los niños corriendo fueron a por tierra y en un gran cubo se la trajeron. El viejo jardinero mezcló con la tierra jarabe, gotitas, unos polvos y lo extendió todo en el suelo rodeando a Don Arbolón, dándole unas cariñosas palmaditas en su tronco al marchar.Todos se fueron a casa preocupados por Don Arbolón y cuando llegaron al día siguiente ¡sorpresa!, Don Arbolón ya no tenía aquel enorme agujero en su tronco y todas las hojitas habían vuelto a brotar en sus ramas. Los niños, muy contentos, rodearon nuevamente con sus manos a Don Arbolón y con mucha alegría cantaron: “Don Arbolón ya no está malito, Don Arbolón se ha curado ya, todos los niños, queremos mucho a Don Arbolón”.Don Arbolón sonrió a su manera, haciendo un simpático movimiento de todas sus ramas y el sol que iluminaba el patio del colegio brilló con mucha más intensidad, participando de aquella alegría que inundó aquella mañana el colegio “Los Árboles”.

Explicación científica: este cuento trata de como hay que cuidar la naturaleza, especialmente los árboles. Nos explica qué necesitan los árboles para crecer y recuperarse.

Vanessa Montero Hernández

Enlace:

http://isabel-cienciasnaturales.blogspot.com.es/2011/10/cuentos-infantiles.html

Como es el planeta

descarga

• Edad : 5-6 años
• Cuento:

Era un planeta tan distante pero tan distante que el combustible se terminó cuando el cohete por fin llegó a su destino. Y era un planeta pequeño ubicado en medio del espacio no se sabe en qué galaxia ni en qué constelación.

El astronauta caminó por todo el planeta y dio la vuelta al mundo en menos de ochenta pasos (es que el planeta no tenía ni río, ni mar ni montañas). Y viéndose tan solo el astronauta gritó: “¡Socorro!”

Y nadie sabe por qué nebulosa razón su voz recorrió de vuelta el camino de la astronave. Y en toda la Tierra de punta a punta se lo oyó gritar: “¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? ¿Quién soy?”

Fue un susto general sin ninguna explicación: aquí, tan lejos, en la Tierra todo el mundo escuchaba lo que él decía solito allá en el espacio como si hubiera un potente servicio de altoparlantes (de parque de diversiones) con el micrófono instalado en el planeta del astronauta. Si él se ponía a llorar toda la Tierra lo oía (un fenómeno de frecuencia o, tal vez, de sintonía).

 

Y los científicos de la Tierra también se sintieron perdidos, todos estaban reunidos para hallar una solución: “¿Qué podemos hacer?”. Traer al astronauta de vuelta no se podía, pero dejarlo morir de hambre tampoco quedaba bien.

Como las computadoras sabían – de memoria – la ruta de la astronave perdida, los científicos le mandaron de regalo al astronauta un cohete con mucha comida para el hambre de cada día.

Y todos aquí en la Tierra pudieron dormir de nuevo con el silencio de la noche. Sólo muy rara vez se despertaban un ratito con los ruidos que, desde el espacio, llegaban de vez en cuando. Pero volvían a dormirse tranquilos y contentos cuando inmediatamente oían la voz del astronauta que decía en un tono muy delicado: “¡Disculpen!” (porque era muy educado).

“¡Mándenle música!” habló con voz salvadora el dueño de una grabadora. “Manden discos, video-clips, cintas, cassetttes, canciones, manden radios, tocadiscos, grabadores, televisores.”

“Pero envíenle también un par de auriculares”, agregó enseguida un previsor. “¡Por si no nos llega a gustar su programación!”

Y mandaron un cohete colosal cargado de canciones (todas las canciones del mundo) con auriculares exclusivos adaptables al oído del solitario astronauta. Y una vez más se hizo un silencio total. Y todos pudieron continuar sin correr grandes peligros (oyendo sólo lo que querían los fabricantes de discos).

Un largo tiempo pasó hasta que un día, otra vez toda la Tierra se despertó al oír, desde muy lejos, cantada con voz nostálgica y sin acompañamiento una canción muy linda, tan linda que parecía tener todas las canciones del mundo en sus suaves acordes. Y la canción decía así:

 

Tan solo, tan solo
sin nadie…
El que parte
lleva el recuerdo
de alguien.
Y el recuerdo es cruel
cuando existe amor.
Siento un dolor en mi pecho
y evitarlo es imposible.
No puedo más.
Nadie tiene pena
de mi dolor.
Llorar, como yo lloré
nadie debe llorar.
¡Rosa, oh Rosa!
¿Cómo estás, Morena Rosa?
Con esa rosa en el cabello
y ese andar orgulloso.
¡Ay, qué nostalgia siento!
   

Todo el mundo quedó muy conmovido sin saber ya qué hacer para salvar al astronauta que se estaba muriendo de soledad y nostalgia. Entonces los científicos de la Oficina Espacial recibieron la visita de Rosa: “iYo soy la novia del astronauta!”. Los ojitos preocupados del jefe de los científicos comenzaron a brillar y enseguida preguntó: “¿Usted sabe volar?”

Rosa, entonces, fue lanzada en un cohete color de rosa, muy bonita y arreglada, una astronauta tan linda como en el Espacio entero no se había visto todavía. Y mientras el cohete subía el jefe de los científicos le dijo a su asistente: “¿Cómo es que nuestras mentes no habían pensado en esto?” Y todo el mundo en la Tierra se puso a mirar el Espacio viendo al cohete subir con Rosa y el amor de Rosa. Esperando la llegada para oír lo que diría el astronauta al ver a su Rosa llegar así, de sorpresa.

Y entonces, la noche prevista, la Tierra entera despertó agitada y ansiosa oyendo al astronauta gritar el nombre de Rosa. “¡ROSA!”.

Hasta ese momento (vamos a decir: para siempre) nunca más se oyó al astronauta llorar, o gritar, o implorar, o vociferar, reclamar o maldecir. En el espacio hay, ahora, sólo estrellas y silencio. Pues como informó el personal de la Oficina Espacial: ”La sintonía o frecuencia del planeta perdido no permite oír susurros”.

 
• Nombre y apellidos del alumno : Jennifer Amaro Martín

Categoría y etiquetas:

Cuento, cuento infantil

• Referencias: este cuento esta sacado de una pagina web, la página web es: http://www.cuentosparachicos.com/ESP/cuentosmodernos/PlanetaPerdido.htm

El jardín natural

Título: El jardín natural
Edad: 5-6 años
Cuento: Hubo una vez un rey que tenía un gran palacio cuyos jardines eran realmente maravillosos. Allí vivían miles de animales de cientos de especies distintas, de gran variedad y colorido, que convertían aquel lugar en una especie de paraíso del que todos disfrutaban.
Sólo una cosa en aquellos jardines disgustaba al rey: prácticamente en el centro del lugar se veían los restos de lo que siglos atrás habia sido un inmenso árbol, pero que ahora lucía apagado y casi seco, restando brillantez y color al conjunto. Tanto le molestaba, que finalmente ordenó cortarlo y sustituirlo por un precioso juego de fuentes.
Algún tiempo después, un astuto noble estuvo visitando al rey en su palacio. Y en un momento le dijo disimuladamente al oido:
– Majestad, sois el más astuto de los hombres. En todas partes se oye hablar de la belleza de estos jardines y la multitud de animales que los recorren. Pero en el tiempo que llevo aquí, apenas he podido ver otra cosa que no fuera esta fuente y unos pocos pajarillos… ¡Qué gran engaño!
El rey, que nunca pretendió engañar a nadie, descubrió con horror que era verdad lo que decía el noble. Llevaban tantos meses admirando las fuentes, que no se habían dado cuenta de que apenas quedaban unos pocos animales. Sin perder un segundo, mandó llamar a los expertos y sabios de la corte. El rey tuvo que escuchar muchas mentiras, inventos y suposiciones, pero nada que pudiera explicar lo sucedido. Ni siquiera la gran recompensa que ofreció el rey permitió recuperar el esplendor de los jardines reales.
Muchos años después, una joven se presentó ante el rey asegurando que podría explicar lo sucedido y recuperar los animales.
– Lo que pasó con su jardín es que no tenía suficientes excrementos, majestad. Sobre todo de polilla.
Todos los presentes rieron el chiste de la joven. Los guardias se disponían a expulsarla cuando el rey se lo impidió.
– Quiero escuchar la historia. De las mil mentiras que he oido, ninguna había empezado así.
La joven siguió muy seria, y comenzó a explicar cómo los grandes animales de aquellos jardines se alimentaban principalmente de pequeños pájaros de vivos colores, que debían su aspecto a su comida, compuesta por unos coloridos gusanos a su vez se alimentaban de varias especies rarísimas de plantas y flores que sólo podían crecer en aquel lugar del mundo, siempre que hubiera suficiente excremento de polillas… y así siguió contando cómo las polillas también eran la base de la comida de muchos otros pájaros, cuyos excrementos hacían surgir nuevas especies de plantas que alimentaban otros insectos y animales, que a su vez eran vitales para la existencia de otras especies… Y hubiera seguido hablando sin parar, si el rey no hubiera gritado.
– ¡Basta! ¿Y se puede saber cómo sabes tú todas esas cosas, siendo tan joven?- preguntó.
– Pues porque ahora todo ese jardín ahora está en mi casa. Antes de haber nacido yo, mi padre recuperó aquel viejo árbol arrancado del centro de los jardines reales y lo plantó en su jardín. Desde entonces, cada primavera, de aquel árbol surgen miles y miles de polillas. Con el tiempo, las polillas atrajeron los pájaros, y surgieron nuevas plantas y árboles, que fueron comida de otros animales, que a su vez lo fueron de otros… Y ahora, la antigua casa de mi padre está llena de vida y color. Todo fue por las polillas del gran árbol.
– ¡Excelente! -exclamó el rey-. Ahora podré recuperar mis jardines. Y a tí, te haré rica. Asegúrate de que dentro de una semana todo esté listo. Utiliza tantos hombres como necesites.
– Me temo que no podrá ser majestad- dijo la joven-. Si queréis, puedo intentar volver a recrear los jardines, pero no viviréis para verlo. Hacen falta muchísimos años para recuperar el equilibrio natural. Con mucha suerte, cuando yo sea anciana podría estar listo. Esas cosas no dependen de cuántos hombres trabajen en ellas.
El rostro del anciano rey se quedó triste y pensativo, comprendiendo lo delicado que es el equilibrio de la naturaleza, y lo imprudente que fue al romperlo tan alegremente. Pero amaba tanto aquellos jardines y aquellos animales, que decidió construir un inmenso palacio junto a las tierras de la joven. Y con miles de hombres trabajando en la obra, pudo verla terminada en muchísimo menos tiempo del que hubiera sido necesario para reestablecer el equilibrio natural de aquellos jardines en cualquier otro lugar.

Nombre y apellidos: Ana Escalona Ruz

El ratoncito Gus

 

 

DSC01347

• Edad

A partir de 3 años.

• Cuento

Erase una vez un ratoncito llamado Gus, trabajador y adorable. Era tan pequeño que vivía en la casa más pequeña del bosque. Su casa se encontraba en el interior de un árbol.

A pesar de ello, el pequeño ratoncito era muy conocido y querido por todos los animales del bosque. 

Todas las mañanas cuando salían los primeros rayos de sol, el ratoncito Gus, se iba a buscar comida al otro lado del bosque, donde se encontraban los mejores frutos de la zona.

Uno de esos días mientras paseaba recogiendo algunos frutos, empezó una fuerte tormenta y tuvo que correr y meterse debajo de una gran hoja para protegerse de la lluvia. Estaba un poco asustado porque nunca había visto una tormenta como esa. Caía mucha agua y había muchos truenos.

Cuando pasó la tormenta y regresó a casa, se quedó sorprendido por lo que vio… ¡Su casa ya no estaba!

De lo triste q estaba, se sentó en una piedra de las que había cerca de su casa y empezó a llorar.

Al oírle llorar, su amiga la ardilla que pasaba por allí, se acercó y le preguntó:

–          ¿Qué te pasa Gus?

–          La tormenta se ha llevado mi casa.- dijo el ratoncito.

–          Lo siento mucho. Pero no te preocupes. Puedes quedarte en mi casa hasta que tengas una nueva.

–          ¿De verdad que puedo?

–          ¡Claro que sí! Y lo pasaremos muy bien.

Al día siguiente, mientras el ratoncito dormía, la ardilla reunió a los demás habitantes del bosque y les contó lo que le había sucedido al ratoncito Gus.
Los animales se pusieron muy tristes al escuchar la historia y decidieron hacerle entre todos una nueva casa.

–          Yo puedo traer madera. -dijo el ciervo.

–          Yo puedo prestar mis herramientas.- dijo el oso.

Y así poco a poco todos los animales fueron ofreciendo su ayuda.

Pocos días después, en una mañana mientras el ratoncito y la ardilla daban un paseo por el bosque, la ardilla le dijo:

–          Gus, acompáñame. Tengo que enseñarte algo.

–          ¿Qué es, ardilla?- dijo el ratoncito.

–          Ahora lo verás.

Cuando llegaron al lugar indicado, el ratoncito Gus se quedó sorprendido al ver a todos sus amigos y una casa muy bonita al lado.

–          ¡Sorpresa! – dijeron todos muy contentos. ¡Esto es para ti!

El ratoncito Gus estaba muy feliz y esa misma noche hicieron una gran fiesta para celebrarlo.

 

• Explicación científica

Con este cuento además de trabajar las habilidades sociales (ofrecer ayuda, cooperar, compartir…)ya que están en las primeras etapas de socialización, se pretende acercar a los niños/as a la naturaleza, que identifiquen los animales y conozcan el medio físico y los fenómenos del medio natural (día, noche, lluvia, truenos, etc), así como los cambios que se producen en el paisaje y sus consecuencias.

 

• Nombre y apellidos del alumno

Noelia Antolín Rodríguez.

 

• Referencias

Ninguna.

Más bajito por favor.

Cuento: “Más bajito por favor”.

Edad recomendada: A partir de 5 años.

Era una mañana soleada cuando todos los niños acudían a la Escuela alborotados. Tomasín caminaba despacito y en silencio; le gustaba escuchar sus pasitos y su respiración. A medida que se acercaban, se iba poniendo más y más nervioso debido al jaleo que existía. Ya en clase, estaba contento de ver a sus compañeros, se divertía mucho, y quería mucho a su profesora, aunque no le gustaba que tuviera que gritar tanto para decir cualquier cosa. Él se daba cuenta, quizá por ser un poco callado, que el ruido le hacía enfadar; ya no podía escuchar su respiración y sus pasitos, ¡ni siquiera lo que estaba pensando! Se le ocurrió pedir educadamente a todos sus compañeros que hablaran con menos volumen:

Más bajito por favor, pidió; pero su esfuerzo fue en vano.

Pensó en decírselo a la profesora, ya que al ser ella quien mandaba, todos la harían caso. La profesora le felicitó, se lo comunicó a la clase y durante algún tiempo “reinó el silencio” en el aula, pero el bullicio fue en aumento hasta volver al griterío. Tomasín se apenó. Era un niño demasiado tímido como para recordar a la profesora lo hablado. Y así se fue a casa, con “el corazón encogido en su pecho” y un enfado terrible. Su mamá no pudo sacarle ni una sola palabra (él la quería mucho, pero consideraba que no podía ayudarlo con esa situación).

Tras merendar, sonó el timbre de su casa. ¡Era su tío Claudio! Tal vez él le pudiera ayudar. Claudio estudiaba en la Universidad y le encantaba la música. Le contó lo sucedido y éste sugirió poner música relajante bajita de fondo en el aula. En principio parecía buena idea, pero la profesora era muy olvidadiza y ruidosa, con lo que tuvieron que pensar en algo distinto.

Pensaron y pensaron, pero nada se les ocurría. Decidieron dar una vuelta para despejarse pero tras varias malas ideas, pronto volvieron a estar repensando en silencio. Llegados a un paso de cebra, en el que esperaban que el semáforo se pusiera en verde para cruzar, algo les sacó de su ensoñación. Un coche había dado un frenazo. A Tomasín se le iluminó la cara. Ya lo tenía.

– ¡Necesito un semáforo en mi clase tío!

– ¿Cómo?

– ¡Sí! El rojo prohibido hablar porque ya hay mucho ruido, el naranja cuidado que estamos hablando alto y el verde seguimos así; en bajito o en silencio.

Su tío sonrió y se entusiasmó. Se sentía muy orgulloso de su sobrino. Al estar estudiando el Grado de Ingeniería de sonido e imagen no tardó en diseñar el mencionado semáforo. Lo probaron en casa de Tomasín con resultados excelentes. Hasta incorporó el sonido de un frenazo cuando se pasaba del ámbar al rojo para avisar a la gente de que era conveniente moderar el volumen. Sólo faltaba probarlo en clase. Solicitó una entrevista con el Director y la Tutora en el que expuso su “Proyecto Semáforo”. La idea gustó. El Director era un hombre valiente, y decidió probarlo en la clase de Tomasín; la clase de las Golondrinas.

Y llegó el gran día. Tomasín fue el primero en llegar a clase. La profesora se disculpó con él por no haber sabido hacer lo más conveniente en el aula. El pequeño la abrazó y la besó. También la dijo: – Recuerde señorita: Shhh.  Ambos rieron, hasta tal punto que casi consiguen poner el semáforo en ámbar.

Cuando entraron el resto de alumnos, la profesora les explicó con detalle la novedad. Todos estaban asombrados. Al principio todos hablaban bajito, pero era cuestión de tiempo que saltara el rojo. Y vaya si saltó. Toda la clase enmudeció al escuchar el frenazo que les indicaba que se había alcanzado el color rojo. Y funcionó. Hasta su mejor amiga, Rosalía propuso cambiar el nombre de la clase. De esta manera comenzaron a llamarse “Las Golondrinas silenciosas”.  Y así, todas las clases incorporaron un “Semáforo Claudio” en sus aulas.

Pasaron los años y Tomás pasó una mañana por el cruce donde tuvo su genial idea. Los padres acompañaban a sus hijos para llevarlos al colegio. Había mucha gente. Sin embargo, se escuchaban mucho los coches. Se dio cuenta de que hablaban más bajito. Se sintió tremendamente feliz. Cuando cruzaba el paso de peatones pudo volver a escuchar sus pasos y su respiración. Y sonrió.

Tomasín

Explicación científica:

El oído humano capta las vibraciones que se producen en el aire mediante (en líneas generales),  el tímpano, la cadena de huesecillos, la cóclea y el nervio auditivo, transformando la energía mecánica (es decir, el movimiento) en señales eléctricas que interpreta nuestro cerebro. Por eso escuchamos.

En cuanto al semáforo del cuento, basta con conectar y asociar una señal acústica a una señal luminosa, y así, “veremos el sonido”.

La intensidad del sonido (el volumen  amplitud de onda) se suele medir en decibelios (dB). Oímos entre intensidades de10 a 120 dB. Se considera que a partir de los 85 dB de manera continuada, se pueden producir daños en el oído (en nuestras ciudades oscila entre los 80 y los 100 dB). A partir de 120-140 dB se produce dolor y pérdidas irreversibles de sentido auditivo. También van asociados las pérdidas de sueño, falta de concentración, mal humor, problemas en la comunicación o incluso problemas psicológicos.

Autor: Omar Compostela Paramio.

Referencias:  http://www.ojocientifico.com/

Apuntes de la asignatura de Desarrollo Cognitivo y Lingüístico, Profesora Doctora. Elena Battaner Moro, 2º curso del Grado en Educación Infantil, Universidad Rey Juan Carlos.

Idea original extraída del modelo finlandés de Educación, observable en el programa “Salvados” de la Sexta, emitido el día 3 de Diciembre de 2012.