Cuento: ”La ranita Manolita”.

1.  TÍTULO:

”La ranita Manolita”

2.  CUENTO:

Había una vez, hace mucho tiempo, en una selva muy lejana, un huevito muy pequeñito en la orilla de un río.

Llego un día en el que el huevito empezó a moverse muy fuerte, muy fuerte, hasta que consiguió abrirse. De este pequeño huevito nació una larva que fue creciendo y poco a poco se convirtió en un renacuajo llamado Manolita, nuestra gran amiga de esta historia.

Manolita empezó a mirar a su alrededor y se dio cuenta de que se encontraba sola en esa gran selva y que había perdido a su mamá. Manolita se puso muy triste y empezó a llorar mucho.

En ese momento, apareció en caracol Miguelón que la había oído llorar y la preguntó:

  • Miguelón: ¿Por qué lloras pequeña?
  • Manolita: He perdido a mi mamá y estoy sola en la selva. No sé qué hacer ni dónde ir.
  • Miguelón: ¿Y por qué no vas a buscarla? Yo puedo ayudarte e indicarte el camino hacia el río de las ranas.

Al escuchar esto, Manolita dejó de llorar y le pidió al caracol Miguelón que le indicara el camino para encontrar a su mamá.

  • Manolita: Sí, por favor, necesito su ayuda. Dime cual es el camino.
  • Miguelón: Está bien pequeña. Debes nadar río abajo hasta que encuentres el árbol más alto. Detrás de ese árbol estará el río de las ranas. Ahí podrás encontrar a tu mamá.
  • Manolita: Pero yo no sé nadar, no he nadado nunca.
  • Miguelón: Sí que sabes, confía en ti y nada hasta encontrar a tu mamá. Ten mucho cuidado.

Manolita agradeció mucho su ayuda al caracol Miguelón. Aunque estaba un poco asustada, Manolita se tiró al agua. Al principio tuvo miedo, pero luego empezó a nadar fuerte y rápido.

Estuvo nadando días y días, hasta que por fin encontró el árbol. Fue arrastrándose hasta el árbol y consiguió llegar al río. Allí encontró un lugar precioso, lleno de árboles, comida y un gran río con ranas.

Al llegar allí, comenzó a gritar buscando a su madre.

  • Manolita: Mamá, mamá, ¿dónde estás? Soy Manolita.

La madre de Manolita la escuchó y fue corriendo a buscarla. Manolita había encontrado a su mamá. Las dos se pusieron muy contentas y se abrazaron.

Manolita tenía que preguntarle algo a su madre:

  • Manolita: Mamá, ¿por qué me abandonaste?

La madre respondió:

  • Madre Manolita: No te abandoné hija, tenías que crecer y hacerte rana como yo.
  • Manolita: ¿Hacerme rana? No lo entiendo.
  • Madre Manolita: En unos días lo entenderás.

Después de unos días, Manolita empezó a sentirse rara, y empezó a crecer mucho hasta que se convirtió en una gran rana preciosa de color verde. Manolita se puso muy contenta al igual que su madre y todos sus amigos. Además de encontrar a su mamá, Manolita se había convertido en una rana como todas las demás.

Al cabo del tiempo, Manolita se enamoró y tuvo mucho hijitos, que siguieron el mismo proceso que ella llamado “metamorfosis”. Primero fueron huevitos y larvas, luego renacuajos y finalmente ranas.

Y todas las ranas vivieron felices en el río de las ranas.

 

FIN

  1. PALABRAS CLAVE:
  • Huevo
  • Río
  • Renacuajo
  • Caracol
  • Mamá
  • Perdida
  • Ranas
  • Nadar
  • Crecer
  • Metamorfosis
  • Larva

3. EDAD:

4 – 5 años

4. EXPLICACIÓN CIENTÍFICA:

Con este cuento, pretendemos enseñar a los niños el proceso de metamorfosis por el que pasan las ranas. Consiste en que primeramente son un pequeño huevo, pasan a ser larva, van creciendo y se convierten en renacuajo y finalmente llegan a ser rana.

VB

5. AUTORES:

Andrea Escudero González, Andrea Sánchez Lafuente.

La historia de Caperucita contada por El Lobo

Edad:  Recomendado a partir de 6 años.

 

El bosque era mi casa. Allí vivía yo y lo cuidaba.

Procuraba tenerlo siempre limpio y arreglado. Un día de sol, mientras estaba recogiendo la basura que habían dejado unos domingueros, oí unos pasos.

De un salto me escondí detrás de un árbol y vi a una chiquilla más bien pequeña que bajaba por el sendero llevando una cestita en la mano. En seguida sospeché de ella porque vestía de una forma un poco estrafalaria, toda de rojo, con la cabeza cubierta, como si no quisiera ser reconocida.

Naturalmente me paré para ver quién era y le pregunté cómo se llamaba, a dónde iba y cosas por el estilo. Me contó que iba a llevar la comida a su abuelita y me pareció una persona honesta y buena, pero lo cierto es que estaba en mi bosque y resultaba sospechosa con aquella extraña caperuza, así que le advertí, sencillamente, de lo peligroso que era atravesar el bosque sin antes haber pedido permiso y con un atuendo tan raro.

Después la dejé que se fuera por su camino pero yo me apresuré a ir a ver a su abuelita. Cuando vi a aquella simpática viejecita le expliqué el problema y ella estuvo de acuerdo en que su nieta necesitaba una lección.nQuedamos en que se quedaría fuera de la casa, pero la verdad es que se escondió debajo de la cama: yo me vestí con sus ropas y me metí dentro.

Cuando llegó la niña la invité a entrar en el dormitorio y ella en seguida dijo algo poco agradable sobre mis grandes orejas. Ya con anterioridad me había dicho otra cosa desagradable, pero hice lo que pude para justificar que mis grandes orejas me permitirían oírla mejor. Quise decirle también que me encantaba escucharla y que quería prestar mucha atención a lo que me decía, pero ella hizo en seguida otro comentario sobre mis ojos saltones.

Podéis imaginar que empecé a sentir cierta antipatía por esta niña que aparentemente era muy buena, pero bien poco simpática. Sin embargo, como ya es costumbre en mí poner la otra mejilla, le dije que mis ojos grandes me servirían para verla mejor.

El insulto siguiente sí que de veras me hirió. Es cierto que tengo grandes problemas con mis dientes que son enormes, pero aquella niña hizo un comentario muy duro refiriéndose a ellos y aunque sé que hubiera tenido que controlarme mejor, salté de la cama y le dije furioso que mis dientes me servían ¡para comérmela mejor!

Ahora, seamos sinceros, todo el mundo sabe que ningún lobo se comería a una niña. Pero aquella loca chiquilla empezó a correr por la casa gritando y yo detrás, intentando calmarla hasta que se abrió de improviso la puerta y apareció un guardabosque con un hacha en la mano. Lo peor es que yo me había quitado ya el vestido de la abuela y en seguida vi que estaba metido en un lío, así que me lancé por una ventana que había abierta y corrí lo más veloz que pude.

Me gustaría decir que así fue el final de todo aquel asunto, pero aquella abuelita nunca contó la verdad de la historia. Poco después empezó a circular la voz de que yo era un tipo malo y antipático y todos empezaron a evitarme.
No sé nada de aquella niña con aquella extravagante caperuza roja, pero después de aquel percance ya nunca he vuelto a vivir en paz

FIN

 

Explicación científica: Gracias a este cuento podemos trabajar en el aula aspectos como el respeto y cuidado hacía el bosque, evitando entre otras cosas verter basura cuando lo visitamos, pues es algo que perjudica no solo al bosque y los animales que en el viven, si no también a las personas que de él quieren disfrutar.

Erica Montijano Osuna. 3º Turno de tarde.

Referencias: El cuento esta sacado de  un blog en el que se recogen entradas de diferente índole. El cuento lo conocía de hace años, por lo que el blog me ha servido únicamente para recuperarlo.